Tres meses llevaba acéfala la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México tras la renuncia definitiva del doctor Pablo González Casanova, cuando Guillermo Soberón fue designado rector.
Era el 3 de enero de 1973 y el panorama en la UNAM era más que desalentador:
“La actividad institucional estaba suspendida ya por medio año y las instalaciones tomadas en su totalidad. La impunidad triunfaba en el campus, amparada en el mito de la autonomía entendida como extraterritorialidad y, amenazante, el sindicato de trabajadores jugaba a las vencidas con la comisión negociadora, formada por Héctor Fix Zamudio, Víctor Flores Olea y Juan Casillas. El ideal de la excelencia académica, abruptamente opacado en 1966 con la defenestración del insigne rector Ignacio Chávez, naufragaba en medio de aquel océano de agresividades, intemperancias y desafíos”.
Es la voz –y la pluma– del propio Soberón la que narra el momento en que la Junta de Gobierno de la universidad se decidió por él, un hombre considerado de “mano dura”, para enderezar el barco que amenazaba hundir a la máxima casa de estudios.
Momentos intensos que el bioquímico, cerca de cumplir 90 años, ha plasmado en un libro de memorias, El médico, el rector, que no tiene desperdicio. Es atrapante, está escrito con gran soltura y plagado de historias y anécdotas que seguramente muchos van a disfrutar y a otros probablemente van a incomodar.
Y en estos tiempos sucesorios de la UNAM, bien vale la pena recordar algunos momentos por los que ha atravesado.
De entre las 500 páginas del volumen editado por el Fondo de Cultura, hemos elegido, para iniciar, el día en que Soberón rindió protesta como rector. Lo cuenta así:
“Llegado el día, lunes 8 (de enero de 1973), me di cita con los miembros de la Junta de Gobierno y del patronato en la casa de Emilio Rosenblueth, ubicada en la calle de Arquitectura, en Copilco, para movilizarnos a pie hacia Medicina, Odontología o al estacionamiento, según las circunstancias.
“No bien habíamos atravesado la barda de Copilco, cuando se nos informó que los auditorios de Medicina y Odontología estaban ocupados por gente no confiable y que el ambiente era riesgoso y difícil, por lo que quedaba como única posibilidad la del estacionamiento. Me animó que, a lo largo de la caminata, encontré muchos rostros conocidos, entre los que estaban el de Luis Castelazo y Marcos Moshinsky, que aplaudían a mi paso. Me dije que si gente ilustre como ellos estaban ahí, apoyando al nuevo rector y arriesgando su integridad física por su alma mater, la situación podía ser superada...
“El lugar era un verdadero caos. Qué sistema de sonido ni qué discurso. Menudeaban los gritos, las piedras y el chocar de palos, en la que sin duda ha sido la más turbulenta de todas las tomas de posesión de que haya memoria en la historia de la UNAM. Me colocaron la venera, símbolo de la autoridad académica que la Junta de Gobierno me confería, pero no parecía denotar nada ante aquella turbamulta…
“Rendí protesta entre voces destempladas, gritos y amenazas, en presencia de la Junta de Gobierno que presidía Francisco López Cámara y que, debido a las condiciones tumultuarias, estaba en parte dispersa. El ‘¡Sí, protesto!’ me salió del alma.
“Fue imposible leer el discurso que llevaba preparado para la ocasión y sólo alcancé a decir: ‘Universitarios, tengo preparado un discurso, que habrá manera de darles a conocer, en el que expongo mis puntos de vista… Hoy no es posible leerlo ante ustedes, pero ya soy rector de la Universidad y vengo a servirles’.
“No logré hacerme oír. Se impusieron el jaleo, los improperios y los golpes e hicimos lo que debía hacerse: salir de aquel remolino de gente y abandonar el estacionamiento de Medicina hacia el exterior. La caminata fue lenta y penosa, por el tumulto que había a mi alrededor…
“Al otro día, prácticamente todos los medios dieron gran difusión a la noticia en primera plana. En uno de ellos se publicó una fotografía donde estoy rodeado de varias personas que traía el siguiente pie: ‘Entre achuchones rindió protesta el rector’.
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GEMAS: En cuanto se designe a su sucesor, el rector José Narro publicará un “Testimonio” de su tiempo al frente de la UNAM.
