En México ya encontramos cómo quitarle las manchas a una candidatura sin usar agua ni jabón, solo tienes que cambiarle el logotipo a lo que hagas y listo. Y lo menciono porque lo que en un partido se llama nepotismo, en otro puede aparecer como una legítima aspiración.
La senadora Ruth González, esposa del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, no ha confirmado que buscará sucederlo, pero tampoco lo descartó, de hecho, recordó que, según ella, los estatutos del Partido Verde no se lo impiden. En este sentido, la Constitución fue reformada para que la prohibición de nepotismo electoral comenzará a aplicarse hasta 2030 pero Morena, por otro lado, se impuso la restricción antinepotismo desde 2027 y ha sostenido que también debe aplicarse a sus aliados cuando compitan en coalición.
Lo más interesante del caso es que no estamos necesariamente ante una trampa legal, porque, la ley fija el mínimo de lo permitido, pero claro, la ética pregunta qué hacemos cuando nadie puede obligarnos a actuar de otra manera. Es decir, si bastara con decir “es legal”, no harían falta principios partidistas, con un buen despacho de abogados bastaría.
Por otro lado, tampoco el parentesco demuestra que una persona sea incapaz o corrupta, ser esposa de un gobernador no debería borrar sus derechos políticos, pero ello tampoco debería volver irrelevante el preguntarnos: ¿cómo se evita que el poder público se trate como patrimonio familiar?
Mientras un partido presume sus principios, otro podría postular a quien esos principios dejarían fuera, y ambos terminar pidiendo el voto bajo la misma alianza, ¿congruente? No mucho, ¿útil? Bastante. El problema entonces se vuelve que cada partido puede invocar sus propias reglas, pero lo que faltaría saber es quién asumiría la responsabilidad cuando esas reglas entren en conflicto. Piénsalo como un restaurante que anuncia cocina saludable mientras sirve comida chatarra por la puerta de atrás, técnicamente serían dos negocios, pero el dinero, sin embargo, llega a la misma mesa.
Y aquí va el tema principal: que el Verde postule a alguien no significa automáticamente que Morena la respalde. Y es ahí, justamente, donde está la prueba pendiente. Morena ya dijo que su restricción antinepotismo también alcanza a sus aliados cuando compiten en coalición. Si van separados, cada partido tendrá que defender sus decisiones, pero si terminan compartiendo candidatura, Morena deberá explicar por qué una condición que presentó como principio terminó convertida en materia de negociación y qué es lo que en verdad pesa para el partido, si el poder o sus principios.
Al final, en la Lavandería verde nadie se pregunta es si se puede lavar la ropa sucia sin violar la ley, sino cuánto están dispuestos a ensuciar sus propios principios con tal de conservar el poder.
@the.red.flamingo
