Lo malo de la exoneración de Cuauhtémoc Blanco –porque es una exoneración de facto– es que constituye la evidencia inapelable del país en que vivimos.
Breve recordatorio. Lo acompañaron muchas diputadas de Morena en el estrado, donde le dejaron hablar, con gritos de: “No estás solo”. Citlalli Hernández, titular de la Secretaría de las Mujeres, escribió que la culpa de todo era de la Fiscalía de Morelos. Su compañero de militancia no fue tema. La Presidenta, a la hora de escribir estas líneas, no había dicho nada, pero cuando lo dijo, hace unas semanas, se limitó a cargarle la mano al fiscal que investigaba a Blanco, el de Morelos, al que antes, durante el sexenio pasado, mientras el presidente López se deshacía en elogios por el exfutbolista, la Fiscalía chilanga persiguió con saña y encarceló.
Monreal, por su parte, mientras se decidía en la Sección Instructora si el proceso de desafuero procedía o no, comió con el candidato a ser desaforado, lo que ya tiene bastante de afrentoso para las mujeres de este país, por mucho que en la comida hayan hablado de fútbol o de libros de Maquiavelo. En cuanto a la Instructora, con dos morenistas, un verde y un panista, votó tres a uno, para todo fin práctico, a favor de los intereses de Blanco. Sólo Germán Martínez, del PAN, fue en la dirección contraria.
Antes, el Gobierno de Morelos, que teóricamente investiga al ya no desaforado por un presunto faltante de lana en la administración del estado durante su mandato, hizo defender a Uriel Carmona, el mismo fiscal encarcelado en tierra chilanga durante la pasada administración.
Vaya, que Blanco la tenía hecha, desde el día uno, porque tiene complicidades entre los diputados de su movimiento y, para más agravio, entre muchas de las diputadas, como en el Gobierno de Morelos y, por pasiva, en el federal. Ah, y en el PRI, que se marcó un colectivo de Yunes y fue en bloque con Morena.
¿Lo bueno de la exoneración? Que ya no hay forma de pensar que algo sustancial va a cambiar con el oficialismo respecto al sexenio anterior. O que puede contarse con las mujeres del movimiento. O que al menos los casos más grotescos de corrupción y abuso van a ser frenados. 25 diputados morenistas, de 236, votaron a favor del desafuero. Se acabó el autoengaño.
Lo que nos lleva a lo peor de la exoneración: deja claro que el fin del autoengaño no tiene importancia. Los que mandan son dueños del changarro y les da igual lo que pensemos tú, yo, los diputados de Morena que sí tuvieron decencia y la oposición.
@juliopatan09
