En realidad, solo tengo un problema con el show de medio tiempo de Bad Bunny. No, no es con la música, que ni me ofende ni mucho menos me gusta –al margen de que Lady Gaga es la gran cosa–.
Tampoco es con lo basicote del mensaje, con tanta banderita y tanta imagen de América Latina así como de –va una referencia de alguien ya muy entrado en años, con mis disculpas por delante– Los Tres Caballeros, aquella película aburridísima de Disney en que se juntan un edulcorado pato Donald, menos neuras de lo habitual, un perico brasileño de nombre José Carioca y un gallo mexicano, Pancho Pistolas, para hacer turismo continental entre looks de Carmen Miranda, gauchos y corridas de toros.
El problema es la cantidad de melcocha, de cursilería, de almíbar que provocó en un sector nada desdeñable de nuestra comentocracia y de ciertos sectores políticos.
Era como si hubiera bajado de los cielos un Simón Bolívar con perreo para convocar a la tan postergada unidad de Latinoamérica, donde todos somos hermanos pero no nos habíamos dado cuenta. Y vámonos: que se dejan ir. Ya saben: desde “qué vibrante llamado a la fraternidad. Gracias, Benito”; hasta “gracias por el apapacho al alma. Qué necesario, en estos tiempos oscuros, un abrazo colectivo”; hasta “la cultura hispana conquista con su fuerza extraordinaria el corazón del imperio”, y hasta “más que un espectáculo fue un acto de comunión”.
¡Madre! Calma, colegas. No se trata de ponerse de aguafiestas, pero, de entrada, el imperio no parece muy cambiado desde el domingo. Luego, no existe tal cosa como la cultura hispana, o latinoamericana, ni tampoco un destino manifiesto de unidad continental.
Propiamente, el norte de México, si me apuran, está mucho más cerca culturalmente de Estados Unidos que de, digamos, Venezuela o Argentina, que a su vez está a años luz de Bolivia, que no se parece en prácticamente nada a Costa Rica, que tampoco es asimilable a Cuba o República Dominicana, para no meternos en ese universo aparte que es Brasil.
De bloques políticos y económicos, mejor ni hablar. Ni han sido nunca una posibilidad, ni hay señales de que lo vayan a ser pronto. En todo caso, en estos barrios con quien parece haber gobiernos cada vez más afines es con MAGA, que tiene a su lado, pero muy pegaditos, a unos cuantos presidentes latinoamericanos ampliamente votados, casos de Bukele o Milei.
Así que vale: hicieron enojar a Trump, que tampoco parece muy difícil, y démonos por bien servidos. No parece un logro como para tanto clímax, me parece.
@juliopatan09
