Queda para los académicos del futuro estudiar la degradación del debate público acarreada por el obradorismo, y hacerlo con nombres y ejemplos.

Hace un par de días, Rape y Pedro Miguel, monero y columnista, decidieron burlarse en X de Raquel Ceja. Doña Raquel tiene más de 90 años y decidió sumarse a la marcha de la Generación Z, conmovedoramente, en una silla de ruedas, por esto: asesinaron a su nieto, Carlos Manzo, el valiente alcalde de Uruapan.

Me refiero a este caso grotesco porque no es fácil caer más bajo que la parejita, pero están lejos de ser el único ejemplo de la degradación a que me refiero. Vaya que no lo son. Es, como decía al principio, un fenómeno muy del obradorismo, que lleva con facilidad a cierta comentocracia a niveles de veras ínfimos.

En algunos casos, no hay por qué sorprenderse: no con los dos arriba mencionados, no con el propio Rape cuando cae en la bajeza de retratar como nazi a Carlos Alazraki, y por supuesto no con los dos camaradas de armas del monero y el columnista, los también moneros Hernández y El Fisgón, cuando aseguran que los padres de los niños con cáncer son golpistas, como hicieron a cámara con el Doctor Muerte. Nunca estuvieron en otro lugar.

En cambio, con otros sí hubo alguna vez razones para levantar la ceja. Con Sabina Berman, por ejemplo, que saltó del conveniente liberalismo de sus días en la televisora de Salinas Pliego a clamar abiertamente por quitar concesiones y espacios mediáticos a la disidencia. En un nivel muy diferente, algo habría que decir también de algunos momentos de Jorge Zepeda Patterson, mucho más inteligente que ella, pero capaz de dedicar una columna a elogiar a Bartlett, o de Fabrizio Mejía, buen escritor que alguna vez circuló un Change para que la Fiscalía procediera contra Enrique Krauze por traición a la patria, en razón de una columna en que, sobra decir, Enrique no pedía una intervención norteamericana.

Pensaríamos que con el final del sexenio de AMLO esta tendencia empezaría a revertirse, y ciertamente hay más de un columnista que ha pasado de la franca propaganda a posiciones relativamente críticas.

Nada más que entonces pasan cosas como la protesta del sábado y se deja venir una avalancha de tuits, columnas y entrevistas en que la izquierda patria, que tanto protestó con Ayotzinapa o Atenco, se desvive por reivindicar a los granaderos que patearon a manifestantes en el piso y por difundir teorías del complot sobre las conjuras de la derecha internacional. Y pues de vuelta a la casilla uno.

 

    @juliopatan09