Al morenismo no le gusta que lo etiqueten de secta, pero vaya que se comporta como secta. Vean la reaparición del caudillo, hace unos días.

Dicho sin apasionamientos, fue un despropósito. Un señor jubilado dedicó una hora a aventarse un monólogo en el que, entre otras cosas, nos explicaba a todos las realidades más profundas e incontrovertibles sobre la vida nacional, la naturaleza decadente e imperialista de los Estados Unidos y –con una larga lista de nombres– la manera corrupta y antiprogresista en que se comporta la mediosfera mexa, a la que, en el colmo de la desmesura y el lugar común, etiquetó de nazi, con la referencia obligada a Goebbels. Vaya, que el hombre, aparte de repetirse, se notaba bastante fuera de sí. Como el tío que se pone pedo y monopoliza la sobremesa navideña.

No es difícil entender por qué. El sexenio de AMLO dedicó el tiempo y el dinero sobrante a algunas otras cositas, pero básicamente fue un prolongado y carísimo ejercicio de culto a la personalidad. Todo, de las mañaneras; a la inauguración con banda militar inmortalizada en video; al baño de pueblo en el México profundo, igualmente inmortalizado; a los millones para los reporteros y caricaturistas a modo en medios a modo, y a los familiares en nómina de la comentocracia de los aplausos; a las fotos recibiendo una medalla (compartida con Kim Il-sung) en Cuba; a los libros de texto; al cuartelazo para que el CIDE enseñe la historia de sus logros, y hasta la compulsión de aparecer en el Zócalo, fue un esfuerzo común por garantizar su consagración como padre de pueblos. Su salto a la historia. Su legado.

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UNAM 475 años

Bueno: con fecha de octubre de 2026, el legado presenta una cantidad de lamparones lo bastante grande como para tapar las letras de oro. Si nos limitamos a los últimos meses, el legado incluye: el huachicol fiscal, con 600 mil millones desaparecidos bajo sus narices, y con marinos, aduaneros, empresarios y funcionarios de niveles altos, cercanos todos a él, metidos hasta el cuello; la solicitud de extradición contra su bróder, el gobernador de Sinaloa que tanto apoyó, por complicidad con el crimen organizado; la Barredora; las exhibiciones de lana de sus bodoques; la desvisada, entre varias otras, de Andy, con señalamientos en el “New York Times”; la acusación por crímenes de lesa humanidad desde Berkeley, que no es propiamente una institución de derechas, y, sobre todo, el caso efervescente de Amílcar Olán.

Una derrota, pues, en donde más le duele. En casi lo único que le duele. Su imagen. ¿Cómo reaccionó el oficialismo? Con videos, fotos, tuits y mañanerazos compulsivos en la onda de “estamos bebiéndonos la verdad de los labios mismos del mesías”. Entonces, va: si quieren, no les decimos secta. Pero, por Dios, ayúdennos tantito. Perdón: no les decimos ni secta, ni narco partido.

@juliopatan09