El Doctor Patán está con el corazón roto. En cierto sentido, es la segunda vez. Hubo una desilusión inicial, pero el duelo no duró mucho. Cuando vi que iban a pintar la ciudad para los millones de visitantes que vienen al Mundial, pensé: “Qué belleza. Toda la Gran Tenochtitlán engalanada con el color de los chalecos del movimiento”. Ya saben: “Visitante: bienvenido al México guinda”. Un México como de Mario Delgado o Ricardo Monreal en mitin. Y entonces me enteré de que no. De que la onda era morada. Bueno, pues a la desilusión siguió rápidamente el embrujo. El morado me cautivó de manera instantánea. ¡Me parece tan de la compañera Clara! ¡Tan, digamos, de Iztapalapa, en este caso, literalmente, para el mundo! Vaya: hasta pensé en ofrecerme como voluntario para ir a pintar que la “barda perimetral” X, que la “calzada flotante” W, que el “bajo puente” Y, que el tope Z. Bueno, pues no lo hice, básicamente, porque mis horarios en el consultorio se han vuelto en serio muy demandantes, de tantas y tantas personas que se acercan por una dosis indispensable de salud mental, y así, entre una agenda imposible y otra agenda imposible, entre un a ver si la semana que viene me hago un hueco y otro más, ya no podrá ser. Volvemos al amarillo.

Compañera jefa de Gobierno: recapacite. O, si no es posible, tomemos medidas compensatorias, con sentido de urgencia. ¿Ya que, ahora resulta, las señales de tráfico y demás tienen que ir en amarillo –ridiculeces pequeñoburguesas, la verdad–, no podríamos, por decir algo, proponer que vaya en morado el pasto del Estadio de Ciudad Universitaria, o de perdida las porterías? ¿Y una manita del referido color a Palacio Nacional, el Ángel de la Independencia, el reloj de Bucareli y el Tláloc de Reforma, por supuesto de pintura de agua para no arruinarlos? (En la izquierda sí valoramos la cultura y  cuidamos el patrimonio). ¿Y los uniformes de los policías? En una semana, seguro que un amigo de mis Bodoques del Bienestar se arma los 100 mil que vamos a necesitar, con gorra y todo. Más aun: ¿no podremos sacar un refresco paraestatal con una botella en forma de ajolote, perdón: axolótl, se entiende que morado?

A propósito del ajolote, perdón: axolótl, que pérdida eso de ya no encontrárselo en el Estadio Ciudad de México. También tengo una propuesta: directo al patio del Museo Nacional de Antropología. Eso, o mandárselo a La Chingada al Ex Quinto Presidente Más Popular del Mundo, que es al que, en realidad, como bien sabemos, se le debe todo esto.

 

     @juliopatan09