A despecho de muchas encuestas, Andrés Manuel López hace buenas cuentas.

 

La mayoría de los sondeos hablan de dos fenómenos: o su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha detenido su ascenso o de plano empieza a caer en las preferencias ciudadanas.

 

Las circunstancias dependen de la región.

 

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Él no lo cree así.

 

Asegura sumar día a día en todo el país y esta semana elevó sus ambiciones para la Ciudad de México.

 

Si desde siempre ha sentido suya Iztapalapa y al comenzar la campaña divisó Cuauhtémoc, ahora se ha fijado como objetivo hacerse de al menos una delegación más.

 

Es Tlalpan.

 

En esas jurisdicciones compiten tres de sus principales cuadros: Clara Brugada –a quien ya hizo delegada con el desfiguro de Juanito–, Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum.

 

Es un reto personal.

 

Por una parte, por el pulso constante con Miguel Mancera, a quien ya ve como adversario en la contienda presidencial para 2018 y sobre todo con el impulso dado desde ahora por Los Chuchos y otras corrientes del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

 

Pero también como un espacio digno de ser plataforma para su propia candidatura, en la cual trabaja con plena tolerancia del Instituto Nacional Electoral (INE), de su gran amigo Lorenzo Córdova.

 

TRES AÑOS DE PRESIÓN A PEÑA Y MANCERA

 

Dos delegaciones son clave.

 

Destaca Iztapalapa por ser la más poblada del Distrito Federal, tener el mayor caudal de votos y por supuesto el presupuesto más alto de la Ciudad de México.

 

Por si no fuera suficiente, también le significaría espacios para la Cámara de Diputados y para la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), desde donde piensa presionar al presidente Enrique Peña y al jefe de Gobierno, Miguel Mancera.

 

Cerraría la pinza de acoso con Cuauhtémoc, la delegación con mayor producto interno y sede de la Plaza de la Constitución, Palacio Nacional y la Jefatura de Gobierno.

 

Esas eran sus ambiciones originales.

 

Sus perspectivas han mejorado conforme pasan las campañas y se acercan las elecciones, y a sus objetivos ha agregado Tlalpan.

 

Suficiente base para proyectarse a la Presidencia de la República por tercera ocasión y perfilar desde ahora a Ricardo Monreal para jefe de Gobierno del Distrito Federal (GDF).

 

Andrés Manuel López siente las circunstancias a su favor y de esto él sabe.

 

Si consiguiera sus objetivos, serán tres años para sus adversarios.

 

Y el blanco de sus ataques, todos lo sabemos, son y serán Peña y Mancera.

 

 

LO DIFÍCIL NO SERÁ GANAR, SINO GOBERNAR

 

1.- A algunos candidatos ha dejado de preocuparles el 7 de junio y se centran en los meses y años posteriores.

 

Esa actitud ha asumido el priista Héctor Astudillo, quien tras el debate aseguró que “los guerrerenses no tienen duda entre votar por el caos y el orden”.

 

Ante sus contendientes insistió en una constante de su discurso: “En 10 años de gobierno el PRD sumió al estado en la miseria y debemos prepararnos ya para revertir todo lo malo y recuperar la gobernabilidad de Guerrero”.

 

2.- Matamoros todavía vive en la prehistoria.

 

En el pasado, cuando un diario publicaba información incómoda para algún político local, las autoridades mandaban decomisar los periódicos.

 

Acaba de suceder en Matamoros: por allá estuvo el dirigente priista César Camacho y habló de cómo la familia de la alcaldesa panista Leticia Salazar ha copado puestos, cargos y negocios.

 

Habló en especial de su hijo, Ramiro Salazar, el orgullo del nepotismo de la edil.

 

Al día siguiente fueron comprados todos los ejemplares de los diarios locales –El Bravo, Contacto, Express…– por personal enviado por Luis Biassi, según dijeron.

 

Y 3.- La senadora poblana Blanca Alcalá fue electa presidenta del Parlamento Latinoamericano, organismo con medio siglo de vida y legisladores de 22 países.