Para unos no será novedad.

 

Para otros será prematuro.

 

Pero Andrés Manuel López ya comenzó a preparar sus protestas ante los organismos electorales y sus movilizaciones para inconformarse por el fraude electoral del 7 de junio próximo.

 

La virulencia con la cual actúan sus operadores tiene una explicación:

 

–Es su última oportunidad –dicen.

 

Y tienen razón.

 

Si en las próximas votaciones la suerte no lo saluda como él espera, con suficiente ventaja sobre las demás fuerzas de izquierda y en especial el PRD, no tendrá plataforma suficiente para la campaña presidencial del 2018.

 

Él espera muchos frutos.

 

Una cosecha electoral enorme en el sur y el sureste de México, sobre todo en Tabasco, Chiapas, Oaxaca y parte de Veracruz.

 

Suficientes espacios en el Distrito Federal: siente segura Iztapalapa, con su Juanita, Clara Brugada, y aspira a dos delegaciones más.

 

Ay del sistema –para él la mafia del poder hoy representada por los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera– si le quitan Cuauhtémoc, donde compite el zacatecano Ricardo Monreal.

 

Desde hace meses lo dijimos aquí: quiere el mayor presupuesto delegacional y el control del Zócalo para impedir el ingreso de Enrique Peña Nieto a actos oficiales.

 

O sea, no más gritos de Independencia ni desfiles, sino un espacio a su disposición como lo tuvo con Manuel Camacho –y Marcelo Ebrard de operador– y mucho menos recepciones.

 

 

DEBILITAR A MANCERA PARA EL 2018

 

La duda en muchos lugares de mando político es muy clara:

 

–¿Cómo contener la protesta del Peje?

 

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La pregunta debiera ser diferente:

 

–¿Cómo derrotar su populismo?

 

El sufragio.

 

Si Andrés Manuel López aceptó observar la Constitución y las reglas electorales, debe acatarlas y someterse a las urnas.

 

Pero él no es hombre de Estado.

 

La información de sus preparativos ya está bajo análisis.

 

Para ellos cuenta con el ejército de Morena y recursos legales –prerrogativas del INE– e ilegales cuya procedencia nadie se ha ocupado en investigar a fondo, ni los órganos comiciales ni el SAT.

 

El Peje trae su propia cuantificación:

 

Al menos tres delegaciones, una decena de diputaciones federales, más de 13 espacios de mayoría en la ALDF y espacios de representación proporcional.

 

Si no es así, la pagarán muchos.

 

El jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, a quien desde ahora trata de frenar para no tenerlo como contendiente por la Presidencia en 2018.

 

Los Chuchos, amos del PRD y quienes le estorban para difundirse como el único y genuino representante de la izquierda.

 

Y por supuesto el PT de Alberto Anaya y MC de Dante Delgado, a cuyo amparo se acogió en las pasadas elecciones y quienes ahora le estorban en sus ambiciones personales.

 

DE TÍTERE DEL PEJE A JUANITO PROPIO

 

1.- Marcelo Ebrard sí sabe cómo hacerlo.

 

Si en 2009 fue títere de Andrés Manuel López y le operó el retiro del delegado legal de Iztapalapa, Rafael Acosta, el lamentable Juanito, ¿por qué no ser el Juanito del 2015?

 

El intento de legitimación de su arribo a la Cámara de Diputados a través de una suplencia con su empleado René Cervera sólo tiene un freno: el Tribunal Electoral.

 

Porque el INE de Lorenzo Córdova resultó su comparsa.

 

2.- En Michoacán el priista Ascención Orihuela reunió a rectores y directivos de universidades y, ante el coordinador senatorial Emilio Gamboa, habló de enlazarlas con los sectores productivos del estado.

 

Una cruzada de años de Orihuela.

 

Y 3.- quién sabe si el apoyo a la panista potosina Sonia Mendoza llegó tarde.

 

Amplios sectores de su partido le dan la espalda mientras se suman apoyos al priista Juan Manuel Carreras.

 

Ayer correspondió recibir al líder camaral Manlio Fabio Beltrones.