Nadie ignora el nivel cultural de Cuauhtémoc Blanco.
Hábil en la cancha, oportuno en su despido como futbolista y sorprendentemente exitoso en su primera aventura electoral, no se le pueden pedir conocimientos de política y menos de leyes y legalidad.
La función y la administración públicas no son equivalentes a hacer campaña, tomarse fotos, enviar pipas de agua a colonias marginadas en Cuernavaca y culminar las votaciones con un grito de triunfo:
-¡Me los chingué!
Sí, dejó en el camino a todos sus contendientes de todo signo, incluida la delfín del gobernador perredista Graco Ramírez.
Para la crónica quedan las traiciones internas, el esfuerzo desde el poder para insuflar al propio Cuau y las mañas con las cuales se apeó a la priista Maricela Velázquez.
Hoy Cuauhtémoc Blanco es el presidente electo y no ha esperado la toma de posesión para actuar como tal y enfrentarse con Graco, quien romperá la coordinación en seguridad pública.
Su pretensión es no participar en el Mando Único e independizar a su policía municipal tanto de la tutela de los mandos federales como de la autoridad del gobierno del estado.
Pero no va bien.
Graco detenta la autoridad policiaca
Nacionalmente hay crecientes esfuerzos por establecer los Mandos Únicos en las 32 entidades federativas.
Para independizarse, Cuauhtémoc Blanco primero debería consultar la Constitución de Morelos, por cuyo ordenamiento el mando de la seguridad pública recae en el gobernador del estado.
Dice el artículo 114 bis:
“Los ayuntamientos tendrán a su cargo las funciones y servicios públicos siguientes:
“… VIII.- Seguridad Pública, en los términos del Artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, de la presente Constitución y de las leyes que de ambas emanen; así como la policía preventiva municipal y de tránsito. La policía preventiva municipal estará al mando del Presidente Municipal, en los términos de la normatividad correspondiente. Aquélla acatará las órdenes que el Gobernador le transmita en aquellos casos que éste juzgue como de fuerza mayor o alteración grave del orden público…”.
O sea, su policía municipal debe “acatar las órdenes que el gobernador transmita”.
Y si eso no le basta al futbolista devenido en político, va el Artículo 70:
“Son facultades del gobernador del Estado:
“… XXIX.- La policía preventiva municipal estará al mando del Presidente Municipal en los términos del reglamento correspondiente. Aquella acatará las órdenes que el Gobernador del Estado le transmita en aquellos casos que éste juzgue como de fuerza mayor o alteración grave del orden público…”.
Y el armamento lo autoriza la defensa
1.- Los expertos en seguridad se hacen una pregunta: ¿acaso Cuauhtémoc Blanco protegerá a la población con resorteras?
Porque los permisos para compra de armas deben pasar por varias dependencias federales como la Sedena, única proveedora de las corporaciones estatales y municipales.
Y en última instancia, las autorizaciones de portación son supervisadas por el gobierno de Morelos.
¿Qué pasa si federación y estado se niegan a pertrechar a agentes no calificados ni evaluados o, lo peor, penetrados por los cárteles del narcotráfico?
2.- Apenas se inició el proceso electoral en Durango, pero ya hay golpes bajo la mesa, sobre todo entre aspirantes priistas.
En aras de frenar las ambiciones, la cúpula tricolor ha pedido centrarse en el fortalecimiento del partido para enfrentar con éxito la elección de gobernador y la renovación de 39 ayuntamientos y 25 diputaciones.
