Los pequeños sismos por reacomodos y sainetes por fragmentos de poder y reputación de quienes salen o entran al proceso de cambio de régimen iniciado en 2018, son mucho menos relevantes que las capacidades de la comunidad para robustecer ante los movimientos telúricos, estos sí, de trascendencia social.
Este miércoles a las 11:00 horas, cuando la alerta marque el inicio del simulacro sísmico habrá oportunidad de recordar y observar la capacidad de respuesta ciudadana e institucional frente al movimiento de placas tectónicas más poderosamente movedizas que textos de venganzas, atrincheramientos burocráticos o de insultos y rasguños con palabras políticamente incorrectas en una época preelectoral.
En el proceso de elevación cualitativa de ánimos de coordinación, este ejercicio, primero a nivel metropolitano, muestra a la Ciudad de México con un sistema de protección civil desarrollado y a la altura de las mejores prácticas internacionales.
Si en septiembre de 1985 la respuesta institucional fue el silencio de un régimen pasmado, ahora el despliegue técnico, iniciado en 28 mil 792 altavoces del C5 que replican la alerta enviada por el SASMEX, evidencia capacidad ante el azar. La diferencia fundamental entre la muerte y la resiliencia radica tanto en la intensidad del temblor como en el aprovechamiento de los segundos promovidos por una política capaz de elevarse sobre la incertidumbre geológica.
Distribuidos estratégicamente en 14 mil 247 sitios de la capital, la red de altavoces y la instalación del Comité de Emergencias en la sala de crisis del C5, forman parte de una gestión liderada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien profundiza una visión técnica donde la protección civil deja de ser protocolo de oficina para convertirse en movilización orgánica de recursos.
Prueba y oportunidad para auditar en tiempo real si el músculo operativo está listo para lo imprevisto. La labor de Myriam Urzúa en la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil ha logrado transitar de la visión reactiva del siglo pasado a una gestión basada en la ciencia de datos y resiliencia ciudadana.
Bajo la gestión de la gobernadora Delfina Gómez, la coordinación con el Estado de México será punto de inflexión en la visión metropolitana de la emergencia, evidencia de madurez política donde la seguridad de las personas está en el centro.
La escala de la Ciudad de México es única. Japón con su sistema J-Alert o California con la aplicación ShakeAlert cuentan con tecnología salva vidas. Funciona solo cuando preexiste una cultura cívica robusta.
En México hay una integración de la alerta en el espacio público independiente de un teléfono inteligente o de una conexión privada a internet. En el simulacro de hoy no se trata de fingir perfección, sino de poner a prueba la maquinaria, de medir el músculo ciudadano e institucional ante un sismo o su sombría gravitación sobre aquellas certezas aún mantenidas, la principal: siempre temblará en la CDMX.
@guerrerochipres
