La escena es realidad, no se trata de ficción ni producto de una película. En el centro de monitoreo se recibe la alerta procedente del botón de auxilio en la calle por el robo de un vehículo; de inmediato se activa la búsqueda y seguimiento a través del sistema de videovigilancia.

En su fuga, los delincuentes atraviesan de una entidad a otra. Sin embargo, el rastreo no termina ahí. La frontera entre entidades, históricamente aprovechada por el criminal, tiende a desdibujarse para dar paso a la colaboración interestatal e interinstitucional.

Durante décadas, cruzar una línea imaginaria entre el Estado de México y la capital, o escapar hacia las curvas de Morelos tras un atraco en Querétaro, garantizaba una amnistía nacida de la burocracia, celo institucional o ceguera tecnológica. Ahora, desde el centro del país se evidencia un cambio nacido de la integración.

La reciente coordinación entre las fiscalías de la Ciudad de México, Estado de México, Morelos y Querétaro transforma la persecución del delito en un ejercicio de conectividad que trasciende el mapa político para centrarse en la trayectoria criminal.

Tan solo en la CDMX, de acuerdo con los reportes que hemos atendido desde el C5, entre el 1 de enero y el 9 de febrero de este año, en comparación con el mismo periodo del año anterior, hay una caída del 19.5 por ciento en el robo de vehículo sin violencia y de 30.2 en el robo con violencia. Contribuyen las 113 mil 814 cámaras y los más de 800 lectores de placas.

Tradicionalmente, la procuración de justicia ha padecido la fragmentación donde cada estado opera como isla. Si un auto era robado, por ejemplo, en la alcaldía Cuauhtémoc y cruzaba a Nezahualcóyotl, la persecución se diluía en trámites y solicitudes de colaboración. La interoperabilidad de las líneas de emergencia y el intercambio de bases de datos de placas y modelos permiten que la alerta se replique de inmediato.

La CDMX, con la estrategia impulsada por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, fortalece la manera como se comparte información, acelera procesos internos, hace del videomonitoreo una herramienta con capacidad operativa inmediata y promueve mecanismos de colaboración interestatal.

El Estado encarece el delito a través de la eficiencia tecnológica. Querétaro y Morelos, piezas clave en este engranaje, aportan la profundidad territorial necesaria para que el Valle de México deje de ser un embudo de impunidad.

En la sostenibilidad de este modelo, la tecnología es el brazo ejecutor en calle y el análisis de inteligencia de las fiscalías debe ser el bisturí que corte las redes del crimen. La baja en robos es alentadora, ahora el reto está en institucionalizar la coordinación interestatal.

Parece de película, pero es realidad. Y falta mucho por hacer dado que la percepción de seguridad se ha estancado.

 

@guerrerochipres