La salud mental es responsabilidad compartida de las instituciones públicas y de una comunidad consciente, al menos desde la pandemia de hace casi seis años, de la relevancia de un fenómeno incluyente cada vez de más jóvenes y más visible.
Durante enero, en la conversación pública se coloca el Blue Monday, un concepto que, presentado como el Día Más Triste del Año, surge de una estrategia de marketing diseñada en 2005 por Cliff Arnall a partir de la convergencia de clima, deudas y propósitos incumplidos.
Frente a esa simplificación inicial y fundamentalmente mercantil, el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, conmemorado el 13 de enero, funciona como recordatorio: la depresión no es sensación pasajera ni mal humor estacional. Según la Organización Mundial de la Salud, afecta al 4 por ciento de la población mundial, y en México el INEGI reporta una afección en el 15.4 por ciento de la población adulta con mayor prevalencia en mujeres.
En este contexto, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, ha colocado el tema en el centro de su agenda pública mediante el programa Ciudad con Salud Emocional.
La creación de 100 Centros Colibrí se dirige a consolidar una arquitectura institucional donde la salud emocional es un derecho exigible, no un privilegio de clase. A ello se suma la atención permanente del C5 a través del 9-1-1 y la articulación con organismos civiles como el Consejo Ciudadano, cuya línea 55 5533 5533 amplía la red de acompañamiento.
Este enfoque de cuidado colectivo no se limita a la vida humana. La política pública capitalina ha comenzado a reconocer al sufrimiento como un fenómeno individual y colectivo sin fronteras de especie. El rescate de 858 perros del Refugio Franciscano funciona como prueba de esa coherencia institucional.
La Declaración de Cambridge sobre la Conciencia sostiene que los animales poseen los sustratos neuroanatómicos necesarios para experimentar estados conscientes. La etología clínica va más allá: los perros pueden padecer depresión. La anhedonia, el letargo y la apatía observados en los animales rescatados no eran signos de cansancio, sino síntomas de un entorno prolongadamente hostil.
Al retirarlos de condiciones extremas, el Gobierno aplicó la misma lógica de sus políticas de salud mental humana. No se trata únicamente de tratar individuos, sino de transformar entornos. Como ha señalado Julia Álvarez Icaza, secretaria de Medio Ambiente, la recuperación emocional de los animales es notablemente rápida cuando se les garantiza espacio, cuidado y dignidad.
En la antesala de un nuevo Blue Monday y frente a la ecuación de la tristeza, la CDMX ofrece la construcción deliberada de condiciones de vida posibilitadoras de bienestar, para humanos y no humanos por igual.
@guerrerochipres
