Parecerían dos tableros estratégicos de naturaleza divergente.
Por un lado, el descabezamiento del Cártel Jalisco Nueva Generación implicado en el operativo contra Nemesio Oseguera, El Mencho; del otro, una reforma electoral la cual cuestiona la alianza del PT y el Partido Verde, históricamente alineados con quien ejerce la presidencia. No lo son del todo.
La seguridad del Estado mexicano, como lo refirió la presidenta Claudia Sheinbaum durante la celebración del Día de la Bandera, incluye, sostengo, tanto la protección de la comunidad en su dimensión relativa a la integridad de personas y cuidado de sus bienes como la asociada con las reglas de reproducción de la legitimidad del poder del mismo Estado.
En esa doble pista, ¿qué será más complicado, convencer a los aliados de la 4T de los puntos centrales de la propuesta electoral o los despliegues de seguridad de esta semana causantes de la eliminación del líder del CJNG?
Aparentemente sería más sencillo cohesionar a una base política respecto a la distribución del poder, especialmente en el legislativo, que articular una operación compleja respondiendo a la soberanía del país aun con la reacción violenta.
La lucha contra el crimen organizado ofrece un refugio de legitimidad sin costo político más que para la oposición. Ésta, un día vocifera narcoestado, y otro, ante la implicación del abatimiento del Mencho, no tiene más que caricaturizar sus propias posiciones ante la evidencia de las agallas de Sheinbaum y del compromiso de las fuerzas armadas.
De otro lado, para el PT y el PVEM, la reingeniería del régimen de partidos para el usufructo de sus burocracias parece más difícil de aceptar. Revisar costos, cuotas y trastocada representatividad del esquema de plurinominales duele mucho.
En la narrativa presidencial, renovar el sistema electoral es "profundizar la democracia"; para los aliados adheridos a la 4T representa pérdida. La eliminación de los plurinominales borra la garantía de supervivencia de quienes han asegurado espacios en el Congreso década tras década.
Los partidos construyeron estructuras cuasi familiares como herederas del poder político; la prohibición a la sucesión familiar, pospuesta hasta 2030, tiende a desmantelar el modelo del cual es beneficiario una docena de familias incluso dentro de Morena.
En este delicado tablero de estrategias simultáneas, Clara Brugada es relevante como puente de interlocución con las bases y ejemplo de política donde la justicia social y seguridad se hermanan. La jefa de Gobierno de la Ciudad de México acompaña el afán presidencial en ambas pistas.
El choque de visiones con los opuestos a la reforma electoral es de fondo. La contención del CJNG es política de Estado con la fuerza; la reforma electoral es una política de consolidación que requiere, sólo muy eventualmente, algunas concesiones.
Sheinbaum representa la voluntad de la mayoría y ésta quiere ajustes a los partidos. Suya es la fuerza.
@guerrerochipres
