El 10 de junio de 1971, en el tristemente "halconazo", el Estado encontró en la represión la única forma de vigilar y controlar a la población. Cincuenta y cinco años después, a tan solo un día de la inauguración de la Copa del Mundo 2026, la Ciudad de México enfrenta el desafío de demostrar la lección aprendida.
La metrópoli, donde alguna vez se persiguió a las y los jóvenes en las inmediaciones de San Cosme, ahora despliega una estrategia tecnológica sin precedentes.
Cada Mundial deja una huella distinta en la memoria colectiva. Si México 70 quedó asociado a la llegada de la televisión a color y el 86 consolidó la capacidad de resiliencia tras el terremoto del año previo, este torneo será recordado por la transformación radical de la vigilancia urbana.
La diferencia conceptual y operativa respecto a los torneos del siglo pasado es abismal. En 1970 y 1986, la seguridad de los aficionados dependía exclusivamente de la presencia física y disuasiva de los cuerpos policiacos, un modelo reactivo y propenso al abuso.
En contraste, la estrategia contemporánea se fundamenta en la transparencia de un monitoreo en tiempo real. El C5 recibe la justa deportiva con 119 mil 653 cámaras de videovigilancia, lo cual coloca a la CDMX como la sede mundialista con el sistema más robusto de toda América, por encima de las capacidades tecnológicas de los complejos urbanos anfitriones en Estados Unidos y Canadá.
Tan solo la llamada "Última Milla" —el perímetro de influencia del Estadio Ciudad de México delineado por el Subcomité de Seguridad de la FIFA en coordinación con la Secretaría de Seguridad Ciudadana y la de Turismo— cuenta con 556 cámaras equivalentes a un incremento de 47 por ciento respecto a las de 2024.
La directriz de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, está basada en la estrategia integral “Juego Limpio y Sociedad Justa”, donde se articulan transversalmente 133 acciones orientadas a prevenir riesgos urbanos, incentivar la denuncia ciudadana y, sobre todo, proteger los derechos civiles.
En ese sentido, por primera vez en la historia de los eventos masivos en la capital nacional, el C5 opera un programa de Atención a Personas Extranjeras estructurado a través de líneas telefónicas con atención bilingüe las 24 horas del día.
A través de una alianza con la Terminal Central del Norte, se integraron de forma directa 32 cámaras de video privadas al sistema central de monitoreo público para contribuir a la seguridad de la movilidad de las y los visitantes.
A más de medio siglo de aquella oscura jornada del halconazo, el desafío es demostrar la capacidad de proteger sin caer en las viejas prácticas de la represión.
@guerrerochipres
