Soberanía es espacio territorial y retórico en disputa. Un soberano puede ser monarca, dictador y/o democráticamente electo personaje representando apetitos y valores igualmente en digna transparencia o en oscura enunciación.
Jean Bodin o Carl Schmitt la entendían como un poder absoluto, perpetuo e indivisible, ejercido por el soberano quien decidía sobre la excepción y la vida. La Conquista o la Invasión de América —según quiera nombrársele antes o después de 2018— no fue un acto de prepotencia o masacre, sino el dominio del más fuerte sobre el otro, o del más capaz de “evangelizar” sobre aquel cuyo rezago tecnológico de entonces lo hacía más vulnerable.
En 1493, el papa Alejandro VI dictó las Bulas Inter Caetera, las cuales otorgaban a los Reyes Católicos la posesión de las tierras descubiertas; si los pueblos originarios no aceptaban esa autoridad se consideraba legítimo el uso de la fuerza a través del "requerimiento".
Al admitir sucesos que, bajo los valores actuales, no pueden causar orgullo y sí revelan “mucho abuso”, el rey Felipe VI rompe el bloque de silencio de siglos para deterioro de las posiciones conservadores mexicanas cuestionadas del intento de petición de disculpa. “Hay cosas que cuando las estudiamos, las conocemos con nuestro criterio de hoy, con nuestros valores, no pueden hacernos sentir orgullosos”, reconoció al visitar en el Museo Nacional Arqueológico de Madrid la expo La Mitad del Mundo. La Mujer en el México indígena.
Avance diplomático y reconocimiento ético inicial de los hechos. El gesto choca frontalmente con la narrativa de la cúpula de Vox, estancada en una visión preindustrial de la soberanía, según la cual la Conquista justifica cualquier exterminio, y con la visión de muchos comentaristas capitalinos cuyas observaciones ahora sería interesante conocer.
Ronald Inglehart describe el paso hacia valores posmaterialistas cuando las sociedades ya no luchan sólo por la supervivencia o el territorio, sino por la autoexpresión, confianza interpersonal y derechos humanos. Mientras la ultraderecha española —y en algunos casos también la latina— se aferra a un pasado imaginario, el Gobierno de Claudia Sheinbaum y la gestión de Clara Brugada proponen una soberanía de lo cotidiano, y ambas reconocen el avance significado en la expresión del rey español.
Para la Presidenta, la demanda de una disculpa no es un agravio personal contra la España moderna, sino una pieza de la diplomacia de la memoria para cerrar heridas y construir una relación entre iguales. "Un gesto de acercamiento del rey(...) Hay que reconocerlo y seguir avanzando en el diálogo", mencionó ayer.
Visión convergente con la política de la jefa de Gobierno, quien ya había oficializado el cambio de denominación del 12 de octubre, anteriormente llamado Día de la Raza, para reconocerlo como el Día de la Resistencia Indígena.
Existe oportunidad para un nuevo acercamiento diplomático y de un poder político con habilidad para gestionar la vida.
@guerrerochipres
