La condición estructural de la Ciudad de México, asentada sobre depósitos lacustres y receptora natural de los movimientos telúricos originados en la Placa de Cocos, obliga a evolucionar institucional y ciudadanamente.
El sismo del lunes, magnitud 5.6, volvió a poner a prueba la capacidad de respuesta, con una efectividad de 98.61 por ciento en la alerta sísmica difundida por el C5 y un saldo blanco, resultado de una infraestructura tecnológica con respuesta social inmediata y disciplinada.
La historia del alertamiento sísmico es la de innovación frente a la tragedia. Los primeros sistemas en el mundo surgieron en Japón tras el devastador terremoto de Niigata en 1964, aunque fue hasta 2007, cuando lanzó su sistema público masivo.
Pioneros en México, tras la catástrofe de 1985, los integrantes del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES) desarrollaron el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX), con operación formal en 1991. El primero de ese tipo en el mundo en difundir públicamente avisos de alerta. Este 6 de mayo se cumplen 40 años de la fundación del actual sistema de protección civil.
Ahora, esa red cuenta con 96 sensores, el apoyo de más de 14 mil puntos de difusión para más de 28 mil altavoces en la capital nacional operados por el C5 y el alertamiento directo a celulares a través de la tecnología Cell Broadcast provisto por el Gobierno federal.
El impacto se mide en vidas. Estudios del Instituto Tecnológico de California o el Northwest Seismology Journal de China sugieren una reducción de víctimas mortales de entre 70 y 80 por ciento en áreas urbanas densas, al permitir el frenado automático de trenes, cierre de válvulas de gas y evacuación de edificios vulnerables.
Al comparar con tragedias globales, la diferencia es abismal. El sismo magnitud 7 en Haití en 2010, sin sistemas de alerta ni cultura de prevención, dejó más de 200 mil personas muertas. En contraste, el alertamiento en temblores como el de Tohoku, Japón, de 9.1 en 2011, o el de Maule en Chile, de 8.8 en 2010, permitió a millones ponerse a salvo en los primeros segundos críticos.
Incluso en México, durante el sismo del 7 de septiembre de 2017, el SASMEX proporcionó más de 120 segundos de anticipación a la capital nacional y evitó una catástrofe humana.
En ese contexto, los simulacros nacionales, como el de este miércoles, trascienden la categoría de ejercicio técnico para convertirse en ritual de cohesión social, un mecanismo de prevención para salvar vidas aprendido en 1985 y 2017, como lo mencionó la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, quien desde la Sala de Crisis en el C5 coordinará el ejercicio con el gabinete de seguridad y de protección civil.
Hoy, a cuatro décadas de la creación del Sistema Nacional de Protección Civil, México demostrará el tránsito de la reacción a la anticipación. Cohesión y prevención frente a lo impredecible de la naturaleza.
@guerrerochipres
