El marcador entre los sobrevivientes del PRI o sus aliados y la mayoría identificada con Merlín y el Ajolote, favorece a estos últimos. Eso sucede en una ciudad capaz de equilibrar gobernabilidad y disrupción gracias a la disposición de hacer respetar, en lo general ciertamente, libertades de tránsito, expresión y los derechos económicos, otra vez en general, de las y los capitalinos.
A una semana del arranque de la Copa del Mundo de Futbol, un Zócalo visitado por 412 mil personas en seis días celebra capacidades contra las cuales se apostó desde la oposición y sus esquemáticas furias.
Tradicionalmente, la retórica pública conservadora o de abierta derecha, vendía la falsa idea de que para tener calles transitables se necesita reprimir la disidencia, o para garantizar la libre manifestación hay que resignarse al colapso vial.
Sin embargo, la estrategia de movilidad y seguridad desplegada por Clara Brugada ensaya una tercera vía, la conciliación. “En la Ciudad de México se lograron conciliar dos derechos. Podemos decir misión cumplida”, mencionó la jefa de Gobierno en la presentación del informe mensual de seguridad.
Frente a la consolidación de la capital nacional como la entidad más videovigilada de las sedes del Mundial y de América, con 119 mil 691 cámaras del C5 contribuyendo también, en respaldo de la ciudadanía y como parte del gabinete de seguridad encabezado por Brugada, a la reducción del 65 por ciento en los delitos de alto impacto en comparación con mayo de 2019, y una baja del 8 por ciento respecto a mayo de 2025.
A los cuatro ejes previos de la estrategia de seguridad —atención a las causas, fortalecimiento policial, inteligencia y coordinación— el gobierno de la CDMX, siguiendo los pasos de la presidenta Claudia Sheinbaum, también en el segundo piso de la metodología correspondiente, añade cuatro nuevas consideraciones: evaluación territorial permanente, policía de proximidad, territorios de paz y seguridad feminista.
Ronald Dworkin consideraba los derechos individuales como cartas de triunfo de los ciudadanos frente a las metas colectivas del Estado, pero cuando dos de ellas chocan entre sí —el derecho a llegar a su trabajo frente al derecho a la manifestación— el árbitro institucional no puede simplemente anular una de las mismas.
Brugada apuesta a la tecnología y sectorización como amortiguador dinámico donde el árbitro no anule ninguna de las cartas. En esa jugada colectiva, el séptimo aniversario de la Guardia Nacional consolida a la corporación como el soporte de interconexión metropolitana que redefine el umbral de tolerancia institucional.
Así lo delineó el general Rus Peñaloza, coordinador estatal de la Guardia en la CDMX: “En la ciudad las autoridades vamos en una misma dirección”.
Sintonía entre mandos y supervisión diaria. Plataforma de una conciliación incómoda entre derechos colisionando en sus colindancias.
@guerrerochipres
