@guerrerochipres
La Organización de las Naciones Unidas reconoce la conexión directa entre la seguridad de una niña o niño y la calidad de vida en una sociedad.
En México, algunas autoridades, organismos no gubernamentales y otras instancias vinculadas al empoderamiento probable de las niñas —entre las cuales no podemos ignorar a las empresas— han contribuido en su defensa de los valores de familias, su promoción de medidas institucionales y en el posicionamiento de asertividad práctica, a reconocer una dimensión libertaria si las más pequeñas reciben atención, respeto, seguridad y futuro.
Para enfrentar, por ejemplo, la Trata de Personas, una forma de violencia de género que afecta en 70% a mujeres y 26% a niñas, recordemos que el perfil de la víctima “ideal” para el depredador es la niña de entre 11 y 15 años, de familia rural, lastimada por la desigualdad de un entorno donde la comunicación y las oportunidades no posibilitan evolución ni la consecuente movilidad social.
Este 11 de octubre conmemoramos el Día Internacional de la Niña. Una fecha para enfatizar la urgencia de trabajar, desde la ciudadanía, la expectativa de erradicación de prácticas delictivas, algunas basadas en esquemas de machismo patriarcal, lesivas para quienes deben ser protegidas todos los días y bajo toda circunstancia.
Los datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que en México es representada por Kristian Hölge, y el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, coinciden en el perfil principal de las víctimas de Trata de Personas.
De acuerdo con los reportes de todo el país y el extranjero a la Línea y Chat Nacional contra la Trata de Personas 800 5533 000 —que opera 24/7 el Consejo Ciudadano—, 52% de quienes son enganchadas en redes de Trata son Niñas, Niños y Adolescentes, y de ese grupo etario más de la mitad son mujeres.
De las 11 modalidades de este delito, ellas son particularmente vulnerables a las de prostitución ajena y otras formas de explotación sexual y al matrimonio forzoso o servil. Se tienen registradas víctimas por explotación laboral o trabajos forzados.
Las condiciones de pobreza, origen étnico, nivel educativo o cultural, entre otros, son factores de riesgo que incrementan la vulnerabilidad de las niñas ante los esquemas de enganche desplegados por los tratantes o frente a la aceptación y sometimiento a usos y costumbres anacrónicos.
En conjunto, nos queda trabajar para enfrentar riesgos y potenciar las oportunidades. Desde la familia hasta las autoridades, como ha ocurrido en la Ciudad de México con el impulso de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, a la igualdad sustantiva y esquemas de atención ante la violencia de género.
Usar pantalones a voluntad desde la primaria o que, al demostrarse agresión contra las madres de esas niñas, los victimarios puedan ser expulsados de sus casas, abona y no concluye este proceso de empoderamiento necesario a promover desde la infancia. Al Día Internacional de la Niña le corresponde ser todos los días.
