Ángel Sepúlveda apareció cerca del manchón penal del área del América, diciendo que sí con el movimiento de su cabeza, para luego desaparecer, rodeado por sus compañeros, quienes efusivos lo felicitaban tras marcar el segundo gol del Guadalajara en el Clásico realizado en Oakland, duelo en el que las Chivas hirieron de muerte a Las Águilas en un lapso de siete minutos.
Corría apenas el minuto 22 y los rojiblancos tenían en la bolsa en partido, ante unos azulcremas incrédulos dentro de la cancha, buscando explicaciones en silencio, mientras fuera de ella, en el área técnica, Guillermo Almada, entrenador americanista, lucía furioso y le quedaba corto el perímetro delimitado para que hiciera su trabajo.
Y es que en un abrir y cerrar de ojos su máximo rival lo tenía dominado. Primero, cuando al 15’ el centro delantero del Rebaño cobró un penal tras una mano cometida por Alejandro Zendejas. Sepúlveda disparó suave a la derecha de Ángel Malagón, quien apostó por el costado contrario y vio caer su meta.

Siete minutos más tarde Ángel volvió a vestirse de verdugo, esta vez conectando de primera intención y con la cabeza un servicio de Fernando González, quien desde la derecha sirvió a su compañero que no lo pensó y agachando el cuerpo remató a las redes, bombeando el esférico al guardameta, que al igual que todo el estadio se vio sorprendido.
Lo hecho por el hombre gol del Guadalajara fue demasiado castigo para los capitalinos, quienes con la mirada clavada en el césped y en silencio reanudaron el compromiso, mientras su entrenador hacía evidente su enojo tras verse 2-0 abajo en un Clásico Nacional por segunda vez en el mismo semestre, luego del duelo que alcanzaron a rescatar hace unas semanas en el Azteca con un 2-2 final.
Tras lo hecho por Ángel Sepúlveda el duelo ya no tuvo mucho más emociones, con unas Águilas buscando recortar distancias con más ganas e intensidad que futbol y detonando algunos conatos de bronca que no pasaron a mayores pero dejaron clara su frustración.
Al final, el delantero de 35 años se fue como la figura del Clásico, dándose el lujo de marcar un doblete ante un equipo contra el que en toda su carrera tenía apenas siete goles y una asistencia en 35 duelos oficiales.

