Entre Cruz Azul y su barra Sangre Azul existe un evidente divorcio. Todo comenzó un par de días antes del juego ante los Xolos, cuando cerca de 20 integrantes de este grupo ingresó ilícitamente a La Noria para exigir entrega a los cruzazulinos, que sumaban cuatro partidos sin ganar.

 

Situación por demás extraña, pues a dichas instalaciones no es sencillo ingresar por la alta seguridad que existe, aunque los barristas argumentan que encontraron sin candado un portón que suelen custodiar por lo menos un par de policías todos los días. Hay rumores que indican que fueron invitados por un directivo cementero en una especie de boicot, aunque minutos más tarde, el director deportivo Agustín Manzo informó que la situación tomó a todos por sorpresa y que tomarían medidas en contra.

 

Todo parecía quedar ahí. Sin embargo, en el partido ante el Tijuana, los integrantes de la Sangre Azul dirigieron cánticos insultantes al inicio de los dos tiempos contra Jesús Corona, quien al final del encuentro que ganaron, se limitó a decir que ellos “no son verdaderos aficionados”. Aproximadamente al minuto 50, los hinchas de esa barra se enfrentaron entre sí a golpes, situación por la que la Liga podría sancionar al equipo.

 

Pero todo tenía una explicación, por lo menos para la Sangre Azul, que a través de un comunicado informó que los barristas ingresaron a La Noria “al estar las puertas abiertas” y se encararon con Corona, quien les dijo: “¡Yo sí me la rompo, ustedes no son nada!” y los retó a golpes; motivo de los cánticos en el Estadio Azul.  Además, añadieron que Francisco Rodríguez escupió a uno de ellos, mientras que Fausto Pinto y Guillermo Allison comenzaron a empujarlos.

 

Estos dos últimos replicaron, aunque de forma contradictoria. Pinto recalcó: “yo no agredí a nadie y a quien me inculpe que me lo diga de frente”. Allison manifestó que los barristas “no son blancas palomitas” y que tras varias acusaciones violentas se sintieron agredidos y reaccionaron.

 

Es una riña con más dudas que certezas, que puede involucrar una lucha de poder en el seno del club o la radicalización de un sector de la afición, pero que refleja el poco margen de tolerancia de un equipo que sólo ha conseguido un campeonato en 35 años.