Cómo la exitosa novela y la película de Emerald Fennell conectan.

¿Sabían que existe una telenovela protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi? Sí, esos actores que son delanteros en películas como Barbie y Frankenstein, respectivamente. Pero esta producción no es de Televisa ni de TV Azteca, si no de Warner Bros Pictures, con un presupuesto de 80 millones de dólares, vestuarios coloridos y una fotografía maravillosa.

No es mi intención faltarle al respeto al género melodramático que tanto hacemos lxs mexicanxs. Ni tampoco a la clásica novela de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas. Pero en realidad esta adaptación, a simple vista, replica la fórmula de historias de amor, desamor y venganza.

Margot Robbie, en el papel de Cathy, me recuerda a Angelique Boyer en Teresa: una mujer inconforme con sus circunstancias de clase media y con un olfato tan agudo como para detectar en dónde hay dinero y poder: su vecino Edgar es el equivalente a “las presas” de nuestra protagonista de aquella novela. Sin embargo, su verdadero amor es Heathcliff (Elordi), quien es pobre y que, al inicio de la historia, es como un hermano para Cathy.

Solo que a diferencia de Teresa, Cathy está empujada a casarse no por decisión propia, sino porque piensa que Heathcliff no la ama, pues su mucama, Nelly (Hong Chau), se lo oculta. Aquel es un clásico giro dramático: el malentendido separando a la pareja central.

También hay algo que distingue claramente a “Cumbres Borrascosas” del arquetipo Televisa: Heathcliff no es una perita en dulce. Todo lo contrario: él se quiere vengar de Cathy tras el dolor que le causó.

Entonces Fennell no propone una oda al amor romántico, si no una crítica a cuánto la idea de alguien nos puede destruir. La Teresa de Angelique Boyer sí acaba genuinamente enamorándose de un hombre rico en el final original. Pierde todo, pero se reconcilia con su amor. No quiero decir mucho, pero en la novela de Robbie y Elordi el destino es quien les hace pagar el precio de su obsesión.

Esta adaptación está llena de controversias, entre ellas que solo se adapta la primera mitad del famoso texto, dejando su mensaje original en el olvido.

El largometraje me dejó antipático pero pensativo. ¿Será que estaba planeado que no conectara con sus protagonistas? Aún así, no pude evitar compararla con novelas, como la brillante campaña de mercadotecnia que la cinta logró. “Entre ser o no ser, yo soy”, exclaman Teresa y Cathy.

 

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