Será nostálgica, pero por las razones correctas.
Y es así como ha llegado el inicio del final, y la verdad es bastante emotivo.
Stranger Things fue un éxito rotundo desde sus comienzos en 2016. Su perfecta combinación de comedia, terror de ciencia ficción y aventura, además de sus constantes referencias a clásicos de los años 80, la convirtieron en una serie imperdible y de las más exitosas de la plataforma de Netflix. Fue una de sus pioneras junto con House of Cards, Orange is the New Black, entre otras.
La trama se detona con la desaparición del entonces pequeño Will Byers (Noah Schnapp), quien un día desaparece de la nada. Sus amigos, Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo) y Lucas (Caleb McaLaughlin), así como su hermano Jonathan (Charlie Heaton) y su mamá Joyce (Winona Ryder), están determinados a encontrarlo a como dé lugar, con ayuda del jefe de policía Hopper (David Harbour) y una misteriosa niña con poderes llamada Eleven (Millie Bobby Brown).
Mientras que la primera temporada se concentra en esa amenaza pequeña, la serie poco a poco ha escalado en términos de producción y de monstruos, mas sin perder de vista sus características esenciales. Y, tras tres años de espera, ayer por la tarde por fin estrenó la última temporada.
Dividida en tres partes, lanzada esta ayer, la segunda en Navidad y el final en Año Nuevo, esta relata el estado en el cual el pueblo de Hawkins se encuentra tras el enfrentamiento de la pandilla contra el temible villano Vecna (Jamie Campbell Bower), quien al parecer ha sido el director de orquesta detrás de todos los sucesos paranormales de la serie. Nuestros héroes tienen la misión de eliminarlo antes de que él consuma Hawkins.
Por supuesto que me eché la primera parte. La verdad estoy muy complacido con lo que vi. Y me recuerda por qué esta serie es tan exitosa: porque, pese a todas las secuencias terroríficas o entretenidas, también se encuentran escenas hermosas y personajes entrañables. Además de que la estética y las referencias tampoco estorban. Se glorifican los años 80, sí, pero hay un encanto en tener una historia situada en una época distinta. La hace sentir más como una fantasía a la cual escapar.
Afortunadamente, es un relato de los 80 pero desde una mirada contemporánea, sobre todo notoria por cómo le da la vuelta a arquetipos, cómo retrata personajes queer y la diversidad de su elenco. Aunque no deja de tener antagonistas unidimensionales y detestables. Menos mal que Vecna es tan interesante y complejo como sus enemigos.
Y pues ni modo, toca esperar un mes para ver cómo continúa la historia. Aún así, parece que el final de Stranger Things va tomando un excelente rumbo.
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