El homicidio (que ya fue clasificado como feminicidio) de la adolescente de 13 años, Dafne Zapata Quintos, ocurrido hace 11 días en Ciudad Madero, Tamaulipas, mientras asistía a un campamento de verano organizado por la Academia Militarizada “Marina Doenitz”, el cual ha generado gran conmoción en la sociedad mexicana, ha vuelto a poner bajo el reflector un tema sumamente delicado del cual las autoridades han hecho muy poco o prácticamente nada: las novatadas en las escuelas.

En México es una dinámica común que en escuelas y universidades, equipo deportivos y fuerzas armadas los maestros, entrenadores, militares de rango superior e incluso los mismos estudiantes sometan a bromas pesadas, actos de abuso o ritos de iniciación a los recién llegados (“novatos”).

Se trata de prácticas de ejercicio de poder y de sometimiento que recalan en los terrenos del bullying y que causan un tremendo daño psicológico y físico a aquellos que los sufren. Hay casos de novatadas tan perversas y excesivas que pueden provocar la muerte… como a Dafne.

Los contextos más comunes y crueles de las novatadas son las bromas y agresiones físicas de alumnos avanzados a los de primer ingreso; las pruebas, burlas y humillaciones de bienvenida a los nuevos empleados o compañeros y los abusos de los militares veteranos hacia los nuevos reclutas. Muchas de estas conductas están tipificadas como delitos, sin embargo en nuestra sociedad están tan normalizadas estas prácticas que las víctimas rara vez denuncian y las autoridades prefieren voltear hacia otro lado a menos que estas atrocidades acaben generando una tragedia (lesiones o muertes).

Previo a la muerte de Dafne, quien falleció a causa de asfixia por sumersión (ahogamiento), en México se registraron un par de episodios que pusieron el dedo en la llaga: el de Bryan Isidro Zarco Rivera, un estudiante poblano de 23 años de la escuela normal rural “Lázaro Cárdenas del Río”, ubicada en Tenancingo, Estado de México y quien falleció el 12 de julio de 2024 a causa de golpes severos durante un ritual de iniciación conocido como “el caballo” que le aplicaron sus compañeros de mayor grado.

La paliza que recibió Bryan fue brutal; el de Ronaldo Mojica Morales, un joven de 19 años, quien murió el 11 de agosto de 2018 en Durango tras recibir múltiples golpes en la cabeza durante su semana de inducción en una escuela normal rural mientras los profesores observaban y se carcajeaban. Una crueldad inaudita.

Asimismo, desde las trincheras militares también se han registrado casos verdaderamente monstruosos, como el que le costó la vida a los cadetes de la Guardia Nacional (GN) Carlos Omar Frías Lanfar, Michael Arellano Wilkinson, Brando Gastélum Ayala, Fernando Isaías Pérez López, Luis Manuel Vilchis Díaz, Arturo Esteban Sarmiento Gaxiola y Óscar Abraham Sánchez Reyna, quienes perdieron la vida el 20 de febrero de 2024, en Ensenada, Baja California, después de que su teniente le ordenó a estos siete jóvenes soldados a sumergirse en el mar con botas y equipo pesado a pesar de la alerta roja por alto oleaje.

Enlistar todos y cada uno de estos pasajes de humillación y saña es prácticamente imposible, pero lo que sí es posible es cuestionarle a la omisa Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de Rosario Piedra Ibarra porqué nunca hace nada.

 

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