Como si se tratara de un versión moderna del episodio bíblico de cuando Jesús multiplicó los panes y los peces a las orillas del Lago Tiberíades, en el mar de Galilea, ahora, gracias a las inconmensurables bendiciones de la llamada Cuarta Transformación, el tabasqueño Adán Augusto López Hernández, mandamás de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) y líder de la bancada guinda en la Cámara Alta, vivió en carne propia, durante 2025, su muy personalísimo milagro bíblico al ver cómo los recursos de la partida secreta del Senado, los cuales son convenientemente manejados por él (¡sí, adivinaron!), presidente de la Jucopo, se multiplicaron escandalosa y groseramente en 11 mil por ciento, al pasar de 8 millones de pesos en 2024, a 894 millones de pesos en 2025.

¡Milagro!, ¡milagro!, exclamarían los feligreses del inmaculado culto obradorista.

Recursos a manos llenas administrados a total discreción por Don Barredora, quien apenas se enteró de la noticia publicada el domingo por el diario Reforma y firmada por el siempre serio y asertivo Mayolo López, montó en cólera para arremeter contra el rotativo y el periodista, a quienes acusó de ejercer “politiquería barata” en su contra y de ser “brazo propagandístico de la derecha”.

Pero (en estos casos, siempre va aparecer, contundente e irreductiblemente el famoso “pero”) lo paradójico de este asunto es que mientras por un lado este personaje acumula denuncias penales sin que absolutamente ninguna autoridad se atreva a tocarlo con el pétalo de una investigación, lo cual se entiende perfectamente debido al gigantesco pavor que le tienen a su hermano del alma, el expresidente López Obrador; por el otro, vía Congreso de la Unión, lo empoderan y lo enfueran, además de que lo forran de billetes para que parta y reparta entre los correligionarios y los aliados porque esa es la principal bondad de las partidas secretas: No se auditan.

Total, basta y sobra con que don Adán diga, sin necesidad de tener que comprobar un solo centavo, que los recursos se asignaron a los capítulos 1,000 (servicios personales), 3,000 (asignaciones para grupos parlamentarios y de gobierno), 4,000 (de transferencias, asignaciones, subsidios y otras ayudas), 6,000 (inversión pública del Senado) y al 7,000 (de inversiones financieras y otras ayudas) y así… ni ni quien exija cuentas claras y ni quien la haga de tos. Todos felices y contentos a pesar de la falta de transparencia y (¡por supuesto!) la impunidad.

¿Ahora ya les queda claro por qué el santo patrono de las causas morenistas, Andrés Manuel López Obrador, orquestó y ejecutó la desaparición de los órganos autónomos, principalmente la del Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI)? Así nadie tiene la posibilidad de ir a reclamar algo a ningún lado.

Y el más claro ejemplo son los 3 millones 150 mil pesos que Adán Augusto le arañó a la partida secreta para comprar 7 mil libros de Grandeza, el bestseller a la fuerza de Obrador, los cuales anda regalando por todos lados a sus cuates y aduladores.

Irónico, ¿alguien de ustedes recuerda las rabietas de Obrador por la partida secreta que supuestamente se robó Carlos Salinas de Gortari?

 

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