El futuro inmediato del Partido Acción Nacional (PAN), de cara a las elecciones intermedias del año próximo, luce sumamente incierto. De la mano de una dirigencia nacional muy endeble, encabezada por Jorge Romero Herrera, el blanquiazul se enfrenta a una aguda crisis de debilitamiento territorial y electoral. Su posición histórica en el tablero geopolítico de México, en donde antes gozaba de una posición preponderante, poco a poco se ha ido debilitando, a grado tal que, de presentarse un escenario catastrófico, para el 2027 podrían incluso perder su registro, lo que suena factible si nos remitimos a lo que sucedió en las más recientes elecciones locales del estado de Coahuila.

Y el debilitamiento del panismo no es obra del azar o producto de un hechizo malicioso proferido por sus adversarios. Nada de eso. Lo que ocurre con el PAN se viene gestando desde los últimos días del michoacano Felipe Calderón Hinojosa en la Presidencia de la República, quien al fracasar en su intento por imponer a su esposa Margarita Zavala como la figura totémica del partido provocó que el albiazul sufriera una implosión que derivó en el surgimiento de varios grupos que, en un afán por hacerse del poder interno del PAN, estiraron tanto la liga que terminaron por romperla.

Otro aspecto a ponderar en esta crisis es el hecho de que inexplicablemente el PAN le dio la espalda a su militancia. En la actualidad su padrón de militantes apenas rebasa los 319 mil afiliados a nivel nacional, una cifra que los coloca en riesgo de perder su registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE). Y este desplome en su militancia se debe a la crisis interna en la que están sumidos y al descontento provocado por las pésimas decisiones tomadas por sus dirigentes nacionales.

Y, obviamente, no podemos dejar de lado a que diversas figuras de peso dentro del panismo se han negado rotundamente a ejercer la autocrítica y el asumir su responsabilidad ante los enormes fracasos electorales recientes. La mayoría de blanquiazules cree que esta implosión es por culpa de trabar alianzas con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), pero la realidad es que éstas (las alianzas) son su “pecado” más intrascendente.

La realidad es que las principales causas del hundimiento del PAN tienen que ver con el desinterés de su dirigencia nacional por generar nuevos cuadros; el tema del “cártel inmobiliario” también les ha pegado durísimo y, aunque no lo crean, también al interior de este partido hay figuras que han encontrado muy conveniente y redituable jugarle al esquirol con Morena, ¿verdad, Ricardo Anaya?, ¿verdad, Kenia López Rabadán? Y de los Yunes mejor ni hablemos…

Los retos del panismo para sobrevivir y resurgir son claros: Tienen que fortalecer su estructura y construir candidaturas competitivas que les permitan reposicionarse electoralmente. También tienen que bajarse de su pedestal para volverse a acercar a la sociedad y eso sólo lo van a lograr con los perfiles idóneos. Y si es necesario volver a ir en alianza, aunque sea para salvar el pellejo, ¡háganlo! Porque en Tabasco, Baja California, Veracruz y hasta en Nuevo León están perdidos.

Consejo no solicitado: la operación “cicatriz” del PAN la tienen que encabezar los que saben. Ahí tienen a Enrique Vargas, a Damián Cepeda y a Federico Döring.

 

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