Estamos a 189 días de convertirnos en el único país del planeta que ha albergado tres juegos inaugurales de una Copa Mundial de futbol soccer. A diferencia de 1970 y 1986, en esta ocasión nos corresponde ser coanfitriones junto a nuestros dos socios del T-MEC: Estados Unidos y Canadá, dos naciones que, además de ser nuestros vecinos más cercanos, de acuerdo a Matt Cunningham, especialista en temas económicos y financieros de Focus Economics (www.focus-economics.com), cerrarán este año como las economías número uno y nueve del planeta, respectivamente.

Nosotros, con trabajos vamos a estar arañando la posición número 15 y eso se debe a que para este año, al que sólo le restan 30 días de vida, vamos a tener un crecimiento en el Producto Interno Bruto (PIB) del 0.39 por ciento.

Y antes de que alguien salga con la cantaleta de los “otros datos”, quisiera aclarar que esta cifra la dieron a conocer recientemente tanto el Banco de México (Banxico) como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)y especialistas en economía del sector privado.

Para fines prácticos, estos números sólo significan una cosa: el país está pasando por una desaceleración económica la cual se mantendrá para el año venidero. Por lo tanto, el pronóstico de crecimiento para 2026 es de apenas 1 por ciento que, poco a poco, se irá pulverizando hasta quedar, si bien nos va, en 0.6-0.7 por ciento. Ni siquiera alcanzaremos un punto porcentual.

Este panorama, sombrío desde cualquier ángulo, nos arroja una realidad sumamente complicada para los llamados ciudadanos de a pie: la economía no se derrumba, pero tampoco avanza. De hecho, históricamente hablando, en lo que va de este siglo (25 años) México ha crecido en promedio, de 2000 a 2019, a una tasa de 1.8%. Sin embargo, durante los años de la pandemia por el COVID y la postpandemia esa porcentual ha escalado muy lentamente. La inversión y el consumo se han estancado dramáticamente y eso se refleja en los indicadores de confianza por mucho que el tipo de cambio peso-dólar se haya mantenido estable.

La realidad es que México está a un millón de años luz de las promesas de campaña que hizo el señor Obrador hace siete años: el crecimiento anual promedio de 4 por ciento hasta llegar a 6 por ciento jamás llegó… y todavía se ve muy lejano.

Lo cierto es que tanto la economía mexicana como la del resto de los países de América Latina todavía son muy endebles y frágiles, pues sus posibilidades de alcanzar las metas de crecimiento proyectadas por los “analistas” oficialistas siempre terminan por quedarse cortadas debido a factores internos y externos como puede ser la desaceleración económica global, la incertidumbre en torno a las políticas comerciales e internacionales, la falta de confianza en el sector privado y la caída en la inversión fija bruta… un cóctel para el desastre.

Por ello, va a ser muy importante el efecto que puedan causar los programas de inversión gubernamentales, como el Plan México, la política fiscal (la cual todavía no logra consolidarse) y la inversión fija bruta, la cual ha venido mostrando una tendencia a la baja debido a la falta de certeza jurídica.

Así las cosas, esperemos que la Copa FIFA 2026 traiga una derrama económica esperanzadora y una buena cantidad de turistas internacionales, pues eso nos ayudará a enderezar un poco el rumbo.

 

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