Kukulcán vence a las nubes y hechiza a miles en Chichén Itzá
Foto: Guillermo Castillo |

El tiempo pareció detenerse en la gran explanada de Chichén Itzá. No importó el calor abrasador ni la espera de horas bajo el sol. A las 4:47 de la tarde, un rugido colectivo, una mezcla de alivio y asombro, rompió el silencio del sitio arqueológico: la Serpiente Emplumada había completado su descenso.

Nueve mil personas, una marea blanca que inundó los alrededores de El Castillo, fueron testigos de una cita milenaria que, por un momento, estuvo a punto de ser cancelada por el capricho del clima.

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La jornada comenzó con una energía vibrante. Visitantes de Japón, Alemania, Estados Unidos y de todos los rincones de México se congregaron con un sólo objetivo: ver la luz. A las 15:00 horas, el juego de luces comenzó a proyectarse tímidamente sobre la escalinata noreste, lo que marcó el inicio de los siete triángulos de luz que forman el cuerpo de la deidad.

Sin embargo, el drama no faltó a la cita. Una nube solitaria se interpuso entre el sol y la pirámide justo cuando el fenómeno alcanzaba su esplendor, lo que provocó un suspiro de angustia entre los presentes.

Pero Kukulcán no decepcionó. El viento despejó el cielo y, para las 16:47 horas, la silueta de la serpiente se proyectó con una nitidez casi mística, que conectó la cima del templo con la gigantesca cabeza de piedra en la base.

Entre el aroma a copal y el sonido de los silbatos de jaguar, los testimonios reflejaban la carga emocional del evento:

​Viajan a disfrutar el espectáculo

"Vine desde Veracruz sólo para esto. Ver cómo la sombra se acomoda perfectamente en la piedra te hace darte cuenta de lo increíblemente inteligentes que eran los mayas. Se te pone la piel de gallina", comentó Elena Martínez, quien asistió por primera vez con su familia.

Camila y Sonia dos turistas de Miami llegaron a la zona arqueológica sin saber que era el momento exacto de cambio de estación y con ello de la bajada de Kukulcán.

"Acabamos de descubrir que hoy es el mejor día para ver el fenómeno, es la primera vez que visitamos México, nos vamos contentas con buenas fotos", comentaron.

A pesar de la multitud, el orden prevaleció, al menos una persona mayor terminó atendida por el calor y la deshidratación, la pausa se notó y la inusual estampa de la ambulancia, con el Castillo de fondo llamó la atención de unos cuantos curiosos.

Los guías de turistas, exhaustos pero satisfechos, explicaban a los últimos rezagados la importancia del 21 de marzo como símbolo de renovación agrícola y espiritual. Mientras tanto, en el nuevo Museo de Sitio, cientos de personas aprovechaban para refrescarse y admirar las piezas que dan contexto a la majestuosidad que acababan de presenciar afuera.

Con la puesta del sol, la marea blanca comenzó a retirarse por los senderos de Sacbé, llevaba consigo la sensación de haber sido parte, una vez más, de un diálogo perfecto entre el hombre, las estrellas y la piedra.

Al igual que en Chichén Itzá, decenas de zonas arqueológicas del país, como Teotihuacan y Tenango del Valle, en el Estado de México, recibieron a cientos de visitantes para vivir el equinoccio de primavera.