La noche de este domingo, el padre Juan Manuel Zavala ofició la misa dominical en una comunidad montañosa de la región de Mezcalapa, en Chiapas. Al finalizar intentó regresar a su parroquia a bordo de su auto, pero nunca llegó. Tras el reporte de su desaparición y una intensa búsqueda, feligreses y pobladores localizaron su auto y pertenencias; horas después su cuerpo sin vida.
Con su muerte, suman ya 65 sacerdotes católicos asesinados en México en los últimos 25 años; 84 ministros de cultos, en total.
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Tan sólo entre 2024 y 2026, ejecutaron a tres párrocos: Juan Manuel Zavala, este 9 de marzo en Chiapas; Bertoldo Pantaleón Estrada en octubre de 2025, en Guerrero, y Marcelo Pérez un año antes, también en Chiapas.
Sobre el más reciente caso, el secretario general del Episcopado, monseñor Héctor Mario Pérez, informó en entrevista radiofónica que la Fiscalía chiapaneca no encontró signos de violencia en el cuerpo del padre hallado sin vida en las inmediaciones del centro ecoturístico Laguna Verde, en Coapilla, y que la causa de muerte sigue bajo investigación.
Entre 2000 y 2026, México ha sido testigo de 85 crímenes de ministros de culto, de acuerdo con datos del doctor Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAC). "Entre 2016 y la fecha, se han registrado 35 asesinatos" de estos, detalló.
El académico señaló en entrevista que "el año más violento fue 2018, con nueve casos, mientras que en 2020 no se registró ningún asesinato".
Los estados más afectados por esta ola de violencia, de acuerdo con las cifras del académico, son Guerrero y la Ciudad de México, con nueve asesinatos cada uno, seguidos de Chihuahua t Chiapas con ocho casos y Veracruz con siete.
APUNTAN AL CRIMEN ORGANIZADO
La mayoría de estos ataques están relacionados con el crimen organizado, ya sea porque los ministros de culto han denunciado la violencia desde los púlpitos, a sus generados o porque han sido víctimas de intentos de robo o confusión en medio de enfrentamientos, señala el experto.
“Parece ser que ya no existe ese código no escrito de respetar a los sacerdotes, y ahora se han convertido en figuras incómodas para los líderes del crimen organizado", explicó.
La impunidad también es un factor preocupante, ya que la mayoría de estos crímenes siguen sin resolverse. "Existe tal cual como en otros casos de homicidio en el país, altas tasas de impunidad. Hay algunos casos en donde se ha logrado identificar a los culpables, pero la mayoría permanecen sin ser resueltos y sin que se aplique justicia", lamentó el investigador de la UAC.
Sánchez Valdés advierte que el futuro de los ministros de culto en estas "zonas de silencio" (lugares apartados, sin ley) es incierto, ya que la acción de la Iglesia llega a muchas áreas del país con poca comunicación y cobertura, lo que los vuelve aún más vulnerables.
"Hay que aceptar que cada vez se ha vuelto más peligroso para los ministros de culto, y las previsiones a futuro difícilmente pueden ser positivas, derivado de lo que hemos visto en los últimos años", concluyó el experto.
GUERRERO, ZONA DE SILENCIO PARA LOS SACERDOTES
Guerrero es donde los sacerdotes son más vulnerables. En ese estado dominan las zonas de silencio, comunidades aisladas que se enclavan en la zona de Tierra Caliente que, ante el olvido y la indiferencia de autoridades, son presa fácil del crimen organizado, afirma el padre Filiberto Velázquez, que asegura que la región se convirtió en tierra sin ley, que incluso provocó su desplazamiento ante las amenazas.
De 2009 a las fecha, ocho sacerdotes, dos seminaristas y un sacristán fueron asesinados de forma violenta.
El 6 de octubre de 2025, la tragedia golpeó a la Iglesia de Chilpancingo, luego de que se reportó la desaparición del padre Bertoldo Pantaleón Estrada, cura de la parroquia
San Cristóbal de Mezcala, al localizarse el cuerpo sin vida del párroco.
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Tras su muerte, fue Velázquez quien lo sucedió al frente del templo, pero por muy corto tiempo debido a las amenazas que ya tenía el sacerdote por parte de Los Ardillos, quien ya había sido víctima de atentados.
“Es difícil sostenerse en un contexto tan violento donde día a día tratas de hacer un cambio, donde a decir de ellos golpeas intereses de los grupos criminales, donde influyes en la transformación social, en la defensa de sus derechos y poco parece importar a las autoridades, que siguen haciendo oídos sordos a las demandas de la población”.
