Con apenas 13 años, Michelle Alejandra Arellano Guillén ya es considerada una niña genio en su natal Chiapas; conoce su trayectoria.
Quadratín

Con apenas 13 años, Michelle Alejandra Arellano Guillén ya es considerada una niña genio y es en un referente de talento, disciplina y resiliencia. Estudiante simultánea de tres carreras universitarias –medicina, derecho y ciencias políticas y administración pública–, la joven presentó su libro Desafiando límites, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde vive.

Se trata de una obra autobiográfica donde comparte su experiencia como niña superdotada y los retos que ha enfrentado dentro y fuera del sistema educativo.

Considerada desde muy pequeña como una genio chiapaneca, Michelle cuenta con un coeficiente intelectual (IQ) de 158, muy por encima del promedio general que oscila entre 90 y 110 puntos. Actualmente, cursa el quinto semestre de medicina y el semestre tanto de derecho como de ciencias políticas.

“Este libro nace primeramente porque es mi testimonio como una niña superdotada que ha enfrentado varios retos y desafíos, pero que también ha aprendido mucho”, explicó Michelle.

En sus páginas combina memoria y reflexión crítica para mostrar cómo la curiosidad insaciable, la sensibilidad emocional y la diversidad de intereses pueden convertirse en motores de transformación social cuando se acompañan de empatía, resiliencia y apoyo adecuado.

¿De qué trata el libro de la niña genio de Chiapas?

Entre los capítulos destacan Un inicio precoz, donde aborda su identificación temprana como superdotada; Los retos del sistema educativo, en el que critica la tendencia a privilegiar la uniformidad sobre los talentos diversos, y La importancia de la empatía y la comunicación, como puentes hacia comunidades más inclusivas.

Lo que más disfrutó del proceso de escritura, asegura, fue la introspección.

La obra le tomó aproximadamente un año y surgió del deseo de inspirar a otras personas a creer que “todo se logra”.

En su relato también comparte un episodio determinante de su infancia. A los tres años se le diagnosticó con síndrome de Asperger, una valoración que posteriormente resultó errónea. “Yo tenía sobredotación intelectual con un IQ de 158”, aclaró.

En el libro también plasma la experiencia de sus padres –ambos médicos– y los desafíos que enfrentaron al no tener claridad inicial sobre su condición.