La comunidad escolar volvió a convertirse en blanco de la violencia en Sinaloa. Al menos tres camionetas, con hombres armados, ingresaron la mañana de este jueves 26 de febrero a las instalaciones del colegio privado Mar de Cortez, ubicado en el sector Los Ángeles, al oriente de Culiacán.
De acuerdo con los primeros reportes, el hecho habría estado relacionado con el despojo de un vehículo, pero llevaba a un menor en su silla del auto, que esperaba a su padre que dejaba a su hermano en la escuela, cerca de las 8:00 horas. Más tarde quedó abandonado en buen estado de salud.
El reporte llegó al número de emergencias 911, cuando los sujetos estaban dentro del plantel.
Según testigos, cuando los menores ingresaban a clases se escucharon detonaciones de arma de fuego; sin embargo, esta versión no había sido confirmada por las autoridades.
Luego de realizar recorridos de inspección en el área, las autoridades confirmaron que no había personas armadas al interior de la institución educativa.
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La Secretaría de Seguridad Pública estatal confirmó que durante el operativo implementado se logró localizar al menor sano y salvo, y que este ya se encontraba con su familia.
La Asociación de Escuelas Particulares del Centro del Estado de Sinaloa (Asepaces) expresó su profunda preocupación e hizo un enérgico reclamo ante la creciente situación de delincuencia e inseguridad que se vive en el estado.
“Las instituciones educativas, además de ser espacios de formación académica, representan lugares seguros donde se resguardan los hijos de los ciudadanos mientras sus padres realizan sus actividades laborales diarias. La inseguridad que prevalece en el entorno compromete esta función esencial”, indica.
Víctimas colaterales de la narcoguerra en Sinaloa
Una de las fracturas más fuertes desde el inicio de la narcoguerra han sido los ataques directos o colaterales: asesinatos de padres de familia y policías justo frente a las puertas de las escuelas invalida la narrativa oficial de las escuelas como "espacios seguros".
Los grupos criminales han aprovechado los horarios de entrada y salida (7:00-8:00 AM y 12:00-1:00 PM) para realizar ataques dirigidos, saben que sus objetivos están desarmados, acompañados de sus hijos y en un punto geográfico predecible.
Desde septiembre de 2024 que comenzó la ola violenta, se han documentado al menos 12 casos de ejecuciones directas de padres mientras bajaban a sus hijos del auto o los despedían en la puerta.
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Agentes que llevaban a sus hijos a la escuela quedaron interceptados. Al ser blancos de alto perfil, estos ataques suelen involucrar armas de alto poder (AK-47 y R-15), que han dejado las fachadas de las escuelas marcadas por los impactos de bala.
El concepto de "daño colateral" es el que más indignación causa. En las zonas rurales y periferias de Culiacán, el fuego cruzado no respeta perímetros escolares y han dejado casos de menores heridos dentro de las aulas por balas perdidas que atravesaron techos de lámina o ventanas.
