Hablemos de Cuba y de la reciente gira del secretario de Economía, Marcelo Ebrard en Washington, desde la política exterior entendida como una estrategia clave de reforzamiento bilateral; pues si bien ambos sucesos pueden parecer aislados, en el fondo se leen bajo un mismo guión. Y digo esto, porque en el entramado internacional, lo central no siempre se expresa en la agenda formal; con frecuencia se manifiesta a través de decisiones paralelas que, vistas en conjunto, empiezan a ordenar el tablero de negociación.

Por eso, considero que si bien lo sucedido con Cuba aproxima al país a un nuevo punto de inflexión como consecuencia directa de una crisis energética estructural, también explica el peso que adquirió la relación bilateral con México; pues durante 2025, los envíos de crudo mexicano a Cuba crecieron de manera exponencial, cubriendo no sólo una parte significativa de su déficit petrolero, sino también sosteniendo, aunque de manera precaria, el funcionamiento del sistema eléctrico. Sin dejar de lado, que dos sexenios atrás se condonó 70% de su deuda con Bancomext y el resto del monto fue reestructurado para fomentar el comercio bilateral.

Es por ello que al interrumpirse ese flujo, se impacta directamente el núcleo de la relación bilateral. Y es aquí donde conviene volver al marco conceptual de la política exterior, que se articula no sólo a partir de relaciones estructuradas, sino también a través de la coordinación efectiva de cada una de las partes. Haciendo de la suspensión de esos envíos un hecho que no puede interpretarse como un ajuste técnico menor, debe leerse como parte de estos primeros movimientos estratégicos –e inteligentes– que hoy vimos con el Secretario de Economía.

Sin duda, no toda acción internacional constituye política exterior; lo es únicamente cuando responde a una lógica estratégica. Bajo ese marco, la coyuntura actual importa… y mucho; pues mientras Cuba enfrenta una emergencia energética con efectos económicos inmediatos, México entra en una fase especialmente sensible de negociación con EU. Y digo lo anterior, porque la agenda que encabeza hoy Marcelo Ebrard en Washington incluye la eventual renegociación del T-MEC, con temas de alto impacto estratégico como lo son las nuevas reglas de origen, barreras no arancelarias, minerales críticos y la reconfiguración de cadenas de suministro.

Visto así, la coincidencia temporal deja de ser anecdótica y pasa a ser claramente tanto estratégica como positiva; ya que a partir de este hecho, México ha comenzado a reducir su exposición energética con Cuba justo cuando necesita preservar el diálogo político en Washington, sin trasladar tensiones a la relación bilateral; administrar la cooperación de acuerdo con capacidades reales y un entorno internacional más exigente; y gestionar sus intereses en un momento clave de negociación con nuestro vecino del norte. Frente a dichas circunstancias, me parece que lo que vemos no es tanto la ruptura total de los vínculos, sino el ordenamiento eficaz de las prioridades de nuestro país.

 

  • Consultor y profesor universitario
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