Burnham ha respondido prometiendo que todas las iniciativas relevantes de su administración estarán acompañadas de un mecanismo de financiamiento claramente identificado
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Andy Burnham se convirtió esta semana en el nuevo primer ministro del Reino Unido tras reemplazar a su compañero laborista Keir Starmer, convirtiéndose en el séptimo jefe de gobierno británico en una década. Aunque el Partido Laborista conserva la mayoría parlamentaria obtenida en las elecciones generales de 2024, Burnham hereda una economía golpeada por la crisis del costo de vida, unas finanzas públicas estrechas y una relación con Europa que sigue marcada por las restricciones del Brexit.

Su primera gran decisión estuvo dirigida al bolsillo de los hogares. A partir del 1 de octubre, el gobierno eliminará el impuesto al valor agregado (IVA) sobre las facturas de electricidad domésticas, una medida que, según Downing Street, permitirá ahorrar alrededor de 45 libras esterlinas al año a una familia promedio.

El gobierno sostiene que la reducción de impuestos se financiará con la cancelación del programa de identidad digital impulsado por Starmer, un proyecto valorado en 1,800 millones de libras que buscaba crear un sistema nacional de identificación digital para facilitar trámites y verificaciones de identidad. Sin embargo, la oposición y exministros cuestionaron si esos recursos serán suficientes para cubrir el hueco fiscal.

Burnham ha respondido prometiendo que todas las iniciativas relevantes de su administración estarán acompañadas de un mecanismo de financiamiento claramente identificado. Al mismo tiempo, instruyó a sus ministros a convertir la reducción del costo de vida en la prioridad transversal del gobierno.

Su llegada también ha reabierto un debate constitucional. El líder de Reform UK, Nigel Farage, sostiene que Burnham carece de un mandato electoral directo, ya que llegó al cargo mediante una elección interna del Partido Laborista y no a través de unos comicios nacionales. El sistema parlamentario británico, sin embargo, permite que el partido gobernante sustituya a su líder sin convocar elecciones generales, por lo que Burnham puede permanecer en el cargo hasta 2029.

Las relaciones con Washington también presentan un delicado equilibrio. Donald Trump, quien hace apenas unas semanas desestimó a Burnham al llamarlo «el alcalde de un pueblo», ahora ha celebrado lo que interpreta como una mayor apertura hacia el desarrollo petrolero en el Mar del Norte.

Burnham ha dejado abierta la posibilidad de ampliar el aprovechamiento de los recursos energéticos del Mar del Norte, aunque sin asumir plenamente la postura de Trump. Ese equilibrio podría generar fricciones dentro de un gabinete que aún reúne a figuras firmemente comprometidas con los objetivos climáticos del Reino Unido.