Australia insiste en que el objetivo no es expulsar a los jóvenes de las redes sociales, sino reequilibrarlas
AFP |

Australia puso en marcha un experimento regulatorio sin precedentes al impedir que menores de 16 años accedan a redes sociales, un movimiento que divide al país y abre un debate internacional sobre salud mental, libertad digital y capacidad real de supervisión tecnológica. Más de un millón de cuentas serán desactivadas bajo un esquema que impone multas de hasta 49.5 millones de dólares australianos (casi 600 millones de pesos) a plataformas que incumplan, según datos oficiales.

El gobierno afirma que la medida busca frenar algoritmos “depredadores” y proteger a una generación expuesta a riesgos crecientes. Estudios citados por Canberra indican que 96% de los menores de 10 a 15 años usa redes sociales y que siete de cada diez ha visto contenido dañino, desde violencia hasta material que promueve autolesiones. Uno de cada siete reportó experiencias tipo grooming.

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A FAVOR Y EN CONTRA

La prohibición tiene amplio respaldo de la sociedad australiana —un sondeo de YouGov señala apoyo del 77%— y familias como la de Mia Bannister, cuyo hijo murió tras sufrir acoso en línea, insisten en que la regulación llega tarde. Varias autoridades alegan que la autorregulación tecnológica fracasó y que la ley es el único mecanismo para modificar prácticas empresariales.

Pero adolescentes y especialistas advierten riesgos. Jóvenes en Bombay, Berlín, Doha, Lagos y Ciudad de México, consultados por AFP, expresaron inquietudes por la pérdida de espacios de expresión, educación informal y vínculos digitales. Otros consideraron que la norma es “extrema”, de aplicación dudosa y fácilmente eludible mediante VPN.

Las plataformas sostienen un argumento similar. Snap afirmó en un comunicado que desconectar a los adolescentes “puede empujarles a usar aplicaciones menos seguras”.

YouTube calificó la legislación de “precipitada” y alertó que podría empujar a los menores hacia zonas más opacas de internet.

EL RETO TÉCNICO

La ley prohíbe exigir documentos oficiales, por lo que las empresas recurren a verificaciones biométricas basadas en selfis, algoritmos que estiman edad y análisis de patrones de uso. Meta trabaja con Yoti para este proceso; TikTok y Snapchat emplean sistemas similares.

Expertos advierten que los márgenes de error aumentan en usuarios cercanos al umbral de 16 años y que la vigilancia algorítmica plantea dilemas de privacidad que aún no tienen respuesta operativa.

MIRADA CIENTÍFICA

La neuróloga Limei Zhang, entrevistada por este medio, señala que la investigación sobre infancia y pantallas aún está en desarrollo, pero apunta a una tendencia clara: la exposición continua a estímulos digitales rápidos reduce la capacidad de sostener atención profunda. La doctora señala que las áreas cerebrales asociadas con la reflexión y la empatía “se debilitan cuando no se usan”, mientras que las dedicadas a procesar estímulos visuales se hiperactivan.

Esto, afirma, genera dificultades para tolerar el silencio o el aburrimiento y puede contribuir a la ansiedad. Zhang advierte que el fenómeno “va más allá”, ya que afecta la expresión personal, la capacidad de introspección y la construcción de metas, pilares del desarrollo emocional.

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¿PRIMER DOMINÓ?

La comisionada de eSeguridad, Julie Inman Grant, declaró que esta es “la primera ficha de dominó”. Nueva Zelanda y Malasia ya estudian medidas similares. El gobierno insiste en que el objetivo no es expulsar a los jóvenes del entorno digital, sino reequilibrarlo.

Australia, en cualquier caso, decidió ser el laboratorio. El resto del mundo observa si esta prohibición inaugura una nueva era de control infantil… o un experimento difícil de sostener.

Editor de la sección Mundo en el diario 24 HORAS. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con experiencia en redacción, traducción y proyectos editoriales en medios de comunicación.