Las elecciones en Hungría este domingo 12 de abril se transformaron en algo mucho más que una contienda nacional. Tras 16 años en el poder, Viktor Orbán se enfrenta a su mayor amenaza hasta la fecha por parte de Péter Magyar, un antiguo miembro del orbanista Fidesz, cuyo partido Tisza ha experimentado un auge canalizando el descontento por la corrupción, el estancamiento económico y el deterioro de los servicios públicos.
Para muchos votantes, especialmente los jóvenes, la votación se ha convertido en un referéndum sobre un régimen político que, según sus críticos, ha debilitado los controles democráticos y reforzado el control sobre los medios de comunicación, las instituciones y el Estado.
La recta final de la campaña ha atraído a figuras influyentes ajenas al país. El vicepresidente estadounidense JD Vance llegó a Budapest días antes de las elecciones, se puso al lado de Orbán, criticó duramente a Bruselas e instó abiertamente a los húngaros a apoyar a Viktor Orbán.
Donald Trump, que ya había manifestado públicamente su apoyo al primer ministro, se sumó al espectáculo por teléfono durante el discurso de Vance. Orbán, por su parte, presentó la contienda como una lucha civilizatoria y llamó a estadounidenses y húngaros a unirse para salvar la civilización occidental.
Esta intervención acentuó la principal contradicción de la campaña. Orbán y Vance acusaron a la UE de injerencia en la contienda, al tiempo que Washington protagonizó uno de los respaldos extranjeros más explícitos jamás vistos en unas elecciones europeas.
El líder húngaro siempre se ha beneficiado electoralmente de sus enfrentamientos con Bruselas, pero esta contienda también ha puesto de relieve su cercanía a Moscú. Las filtraciones de contactos con funcionarios rusos, la negativa de Hungría a romper su dependencia energética rusa y la obstrucción de Orbán a la ayuda de la UE a Ucrania han intensificado los temores de que Budapest se haya convertido en el aliado más útil del Kremlin dentro del bloque.
Magyar ha planteado la votación como una elección sobre el rumbo geopolítico de Hungría: continuar el distanciamiento de Europa o reiniciar las relaciones con Bruselas y la OTAN. Aun con las encuestas favoreciendo a la oposición, persisten dudas sobre un tablero electoral percibido como inclinado hacia Fidesz.
Esta contienda va mucho más allá de Budapest: si gana Magyar, Trump lo sentirá como una derrota propia y la brecha con Europa podría ensancharse; si resiste Orbán, Bruselas tendrá a un aliado pro-Trump en el corazón del continente.
@AlonsoTamez
