La escalada militar en Oriente Medio, iniciada el sábado con los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra el régimen islámico de Irán, parece encaminarse, según analistas, hacia una confrontación que no busca necesariamente una victoria rápida mediante ofensivas decisivas, sino prolongar el conflicto para erosionar gradualmente la capacidad militar, económica y política de Washington y sus aliados.
De acuerdo con el internacionalista Agustín H. Berea, académico de la Universidad Iberoamericana, la lógica estratégica de Teherán apunta precisamente en esa dirección. “El objetivo no parece ser una confrontación convencional directa, sino generar el mayor costo económico posible para sus adversarios”, explicó el especialista al evaluar la dinámica del conflicto tras los recientes bombardeos estadounidenses e israelíes contra territorio iraní.
Estrategia de presión prolongada
Según Berea, diversas señales sugieren que unidades de la Guardia Revolucionaria iraní estarían reorganizándose para operar bajo esquemas de guerra irregular. En ese escenario, ataques intermitentes con drones o misiles de corto alcance podrían mantenerse incluso si disminuyen los bombardeos a gran escala.
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La lógica sería mantener una presión constante sobre infraestructuras económicas y rutas estratégicas del Golfo Pérsico mediante incidentes aislados pero persistentes.
“Podríamos ver una dinámica sostenida de baja intensidad: un dron aquí, un misil allá, suficiente para mantener la presión económica y estratégica”, señaló el especialista.
Este tipo de confrontación responde a una asimetría clave en los costos de la guerra moderna. Mientras algunos drones o misiles relativamente simples pueden costar apenas miles de dólares, interceptarlos con sistemas avanzados puede requerir proyectiles cuyo precio oscila entre uno y cuatro millones de dólares.
Además, la producción también favorece al atacante. Los drones y misiles de corto alcance pueden fabricarse en grandes cantidades en cuestión de días, mientras que producir interceptores sofisticados puede tardar entre tres y seis meses.
Lecciones de guerras asimétricas
Esta dinámica explica, en parte, la cautela de varias monarquías del Golfo Pérsico ante una participación directa en el conflicto. Sus sistemas de defensa aérea son avanzados, pero sus reservas de munición defensiva no son ilimitadas.
La región ya vivió una experiencia similar durante la guerra en Yemen, cuando Arabia Saudita encabezó una coalición del Consejo de Cooperación del Golfo contra los rebeldes hutíes. Tras años de combates y elevados costos financieros, la campaña terminó sin una victoria decisiva y con tensiones entre los propios aliados.
Berea sostiene que este patrón se repite en distintos conflictos contemporáneos.
“Las potencias pueden dominar el campo de batalla convencional, pero si el adversario logra prolongar el conflicto y elevar los costos políticos y económicos, termina generando un desgaste difícil de sostener”, indicó.
Estados Unidos enfrentó dilemas similares en Vietnam, Afganistán e Irak, donde adversarios con capacidades militares menores lograron prolongar las guerras durante años.
Riesgos para la economía global
Mientras tanto, los efectos del conflicto ya comienzan a sentirse más allá del campo militar. La directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que la guerra en Oriente Medio está poniendo “a prueba” la resiliencia de la economía mundial.
“Si este conflicto se prolonga, podría afectar los precios de la energía, la confianza de los mercados, el crecimiento y la inflación”, alertó durante un foro económico en Bangkok.
La volatilidad ya ha provocado medidas de emergencia en algunos países. Corea del Sur activó un fondo de estabilización bursátil de 68 mil millones de dólares ante la caída de su mercado financiero, mientras que en el Golfo Pérsico se reportaron incidentes marítimos, incluidos daños a un petrolero frente a Kuwait.
Un conflicto que podría alargarse
En el plano militar, Israel continuó bombardeos sobre objetivos en Teherán y otras ciudades iraníes, mientras que Irán lanzó nuevas salvas de misiles contra territorio israelí. En Líbano, ataques aéreos cerca de Beirut dejaron nuevas víctimas y aumentaron el número de desplazados.
Para Berea, la historia regional sugiere que estas confrontaciones raramente terminan con una victoria clara.
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Si el conflicto evoluciona hacia una guerra prolongada de desgaste, advierte el analista, el resultado podría ser un equilibrio inestable que deje a Irán más aislado pero aún en pie.
“Las guerras de desgaste en la región suelen regresar al punto de partida”, afirmó. “El problema es que, en ese escenario, los incentivos para acelerar programas nucleares pueden volverse más fuertes”.
En ese contexto, concluye el experto, la crisis actual podría reconfigurar no sólo el equilibrio militar de Oriente Medio, sino también las reglas de la disuasión estratégica en el sistema internacional.
