El dictador de Corea del Norte, Kim Jong Un, inauguró en la capital Pyongyang el Noveno Congreso del Partido de los Trabajadores, la reunión política más relevante del régimen, donde afirmó que el país dejó atrás “sus peores dificultades” y entra en una etapa de “optimismo y confianza”.
El encuentro, celebrado cada año, suele marcar giros estratégicos y ajustes en la cúpula. También se espera que clarifique si Pyongyang mantendrá la línea dura hacia Estados Unidos, al que Kim llamó “el mayor enemigo” en 2021, o si buscará un respiro diplomático tras los ofrecimientos de diálogo hechos por Donald Trump en 2025.
También te puede interesar: Trump ordena liberar archivos sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos
Alianzas y poder heredado
El congreso ocurre en un escenario geopolítico más estrecho con Rusia y China. Pyongyang ha enviado soldados para apoyar a Moscú en Ucrania y ambos países firmaron en 2024 un pacto de defensa mutua.
La atención internacional también sigue la posible aparición de Ju Ae, hija de Kim, cuya presencia en actos oficiales alimenta lecturas sobre su eventual sucesión.
El mensaje detrás del volante
En vísperas del congreso, Kim se puso al volante de un lanzacohetes móvil de 600 mm con capacidad nuclear, presentado como un sistema “súper preciso” capaz de “reducir un objetivo a cenizas”.
La demostración, difundida por la televisión estatal, subrayó el avance de un programa armamentista que en cinco años ha acumulado pruebas de misiles balísticos intercontinentales pese a las sanciones de la ONU.
También te puede interesar: Milei ofrece tropas a la Junta de Paz de Donald Trump
La exhibición funcionó como prólogo político: un recordatorio de que el poder militar sigue siendo la carta central de Pyongyang, mientras define su rumbo interno y sus alianzas externas.
