En medio de un clima de fricciones con Washington y bajo la sombra de un amplio despliegue militar estadounidense en el Caribe, Nicolás Maduro encabezó en el Palacio de Miraflores un acto religioso con tono político. Durante el “Encuentro Binacional de Oración por la Paz”, transmitido en una cadena estatal, el mandatario proclamó a Jesucristo como “señor y dueño” de Venezuela y declaró la sede presidencial como “un gran altar de oración”.
Acompañado por pastores evangélicos, la primera dama Cilia Flores y Nicolás Maduro Guerra —hijo del autócrata chavista y encargado de asuntos religiosos—, el mandatario leyó un manifiesto con el que reafirmó su adhesión personal a la fe cristiana. Sostuvo que reconoce “al único Dios real y verdadero” y que, como ciudadano y jefe de Estado, se “radicaliza con Cristo”, al tiempo que recordó que la Constitución garantiza la libertad de culto.
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Rechazan plan de Nicolás Maduro
El mensaje religioso coincidió con revelaciones publicadas por The New York Times sobre contactos informales entre Caracas y Washington. Según el diario, Maduro habría planteado a la Casa Blanca una transición de dos a tres años que concluiría con su renuncia, oferta rechazada por funcionarios estadounidenses que consideran inaceptable prolongar su permanencia en el poder.
El reporte añade que el entonces presidente Donald Trump habría autorizado planes encubiertos de la CIA orientados a preparar “el campo de batalla” y que, paralelamente, permitió retomar canales de comunicación indirecta con el gobierno venezolano.
El contexto militar añade presión: bajo la “Operación Lanza del Sur”, Estados Unidos mantiene en el Caribe su mayor despliegue naval desde la década de 1960, incluido el portaaviones Gerald R. Ford y miles de efectivos.
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Desde agosto, el Comando Sur ha ejecutado al menos 21 ataques contra embarcaciones señaladas por narcotráfico. Además, Washington anunció que designará al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera, alegando vínculos con altos mandos venezolanos.
Maduro calificó como una amenaza la estrategia estadounidense, advirtió que un ataque militar significaría el “fin político” de Trump y reiteró su disposición a un diálogo directo.
