El pasaporte más poderoso del mundo abre 193 fronteras sin trámite previo. El más débil abre 23. Entre Singapur y Afganistán median 170 destinos, la mayor distancia registrada desde que el Henley Passport Index, que mide el acceso internacional de los pasaportes, empezó a medirla en 2006.
México aparece en el lugar 22, con 157 destinos a los que sus ciudadanos entran sin tramitar visa por adelantado, sea porque el país no la exige, porque la concede al llegar o porque basta un permiso electrónico. Es el cuarto pasaporte de América Latina, detrás de Chile, Argentina y Brasil.
La cifra deja fuera lo que más importa a quien viaja desde México. Todavía 69 países piden visa a los mexicanos, y entre ellos está Estados Unidos, el principal destino de los viajeros del país. Washington lo mantiene fuera de su programa de exención porque la tasa de rechazo de visas de visitante supera con holgura el límite de 3 por ciento.
Canadá también endureció su política. En febrero de 2024 restableció parcialmente el requisito de visa y lo atribuyó al alza de las solicitudes de asilo de mexicanos, cercanas a 24 mil en 2023. Tras la medida, esas solicitudes en aeropuertos cayeron de más de 9 mil a 225 en seis meses.
México aplica restricciones parecidas a otros latinoamericanos. Exige visa a ciudadanos de Perú, Venezuela y Ecuador, y en 2021 se la impuso a los brasileños alegando tráfico ilícito de personas. Las llegadas desde Brasil se desplomaron y el 5 de febrero pasado la Cancillería dio marcha atrás al sustituirla por una autorización electrónica, meses antes del Mundial.
Singapur a la cabeza
El índice lo encabeza Singapur, seguido por Emiratos Árabes Unidos, Japón y Corea del Sur. Estados Unidos, que ocupaba el primer sitio en 2006, descendió al décimo con 180 destinos, mientras Emiratos sumó 153 en dos décadas.
Un estudio de la Universidad de Gotinga y el Instituto Universitario Europeo halló que los ciudadanos del norte de África y del sur de Asia pagan más del triple que un europeo occidental por la misma visa. A un alemán le cuesta menos de una hora de salario. A un africano subsahariano puede costarle tres semanas de trabajo.
Otro asunto es que también el privilegio puede adquirirse por una simple compra. El 29 de abril de 2025 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió que la ciudadanía europea no puede derivar de una transacción comercial. Malta, que recaudó más de 1,400 millones de euros vendiendo pasaportes desde 2015, cerró su programa. En el Caribe ese negocio llegó a representar un tercio del producto interno bruto de la pequeña isla de Dominica.
Estados Unidos abrió su propia vía. La llamada Trump Gold Card ofrece residencia a cambio de una aportación de un millón de dólares al gobierno.
El secretario de Comercio, Howard Lutnick, afirmó haber colocado mil; después reconoció ante el Congreso que se aprobó a una sola persona. Washington, en cambio, suspendió parcialmente las visas a ciudadanos de Antigua y Barbuda y Dominica, y alegó que venden ciudadanía sin exigir residencia.
En ese sentido, cruzar una frontera depende menos del viajero que de su nacionalidad, de los acuerdos que su país firmó y del riesgo migratorio que otros gobiernos atribuyan a su pasaporte.
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