La captura en Estados Unidos de Cilia Flores, esposa del presidente venezolano Nicolás Maduro, reveló el papel central que durante años ha desempeñado una de las figuras más influyentes —y menos visibles— del poder en Venezuela.
Lejos del perfil protocolario de una primera dama, Flores es identificada por analistas y periodistas como una operadora clave del chavismo y una pieza fundamental en la arquitectura del régimen.
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Abogada de formación y con una larga trayectoria parlamentaria, Flores construyó su poder desde el aparato político y judicial. Fue presidenta de la Asamblea Nacional entre 2006 y 2011, en uno de los periodos de mayor consolidación institucional del chavismo, y mantuvo una influencia decisiva en la designación de cuadros leales dentro del Estado. Su cercanía con Hugo Chávez, a quien conoció en los años noventa, le permitió escalar posiciones y convertirse en un factor de peso dentro del movimiento gobernante.
Tras la llegada de Maduro a la presidencia en 2013, Flores dejó los cargos públicos, pero no el poder. Desde entonces, diversas investigaciones la han señalado como una figura con capacidad para incidir en decisiones estratégicas, en particular dentro del sistema judicial venezolano, señalado por su alineación política y su ausencia de fallos adversos al gobierno durante más de dos décadas.

Clave dentro del chavismo
Dentro del chavismo, su influencia se describe como determinante, tanto para la cohesión interna como para la disciplina institucional.
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Periodistas de investigación han documentado presuntos esquemas de corrupción vinculados a la familia Maduro-Flores, incluyendo el uso de recursos públicos y relaciones con empresarios sancionados. La acusación federal presentada en Estados Unidos va más allá y la señala por colaborar con redes de narcotráfico, junto con su esposo y otros familiares.
Su detención marca un giro en la crisis venezolana. Para observadores internacionales, la caída de Flores no solo golpea el círculo más cercano de Maduro, sino que expone el rol de una figura que, durante años, operó como uno de los ejes silenciosos del poder en Venezuela.
