El impacto de Stephen Miller polariza: para unos, arquitecto de una política discriminatoria; para otros, guardián del proyecto trumpista.
AFP

A Stephen Miller, un joven judío nacido en 1985, se le recuerda por la voz baja y la convicción inamovible. Desde la adolescencia llamó la atención: en Santa Mónica,  California, mientras la mayoría se ocupaba de asuntos propios de su edad, él denunciaba el “multiculturalismo” y advertía que la identidad estadounidense estaba bajo amenaza.

De acuerdo con el libro de 2020 Hatemonger: Stephen Miller, Donald Trump, and the White Nationalist Agenda, en la Universidad de Duke el futuro asesor del movimiento MAGA consolidó ese temperamento combativo. Defendía posturas proteccionistas, rechazaba el pluralismo cultural y se vinculó con figuras de la derecha radical como David Horowitz —líder de la izquierda estudiantil de los 60 que se pasó al activismo conservador—, quien lo introdujo en un circuito ideológico que terminaría de moldear su carrera. 

Aquella formación temprana anticipaba al personaje que, años después, se convertiría en la mente más dura del trumpismo.

El ascenso de Stephen Miller en la Casa Blanca

El salto al centro del poder ocurrió en 2017, cuando Donald Trump asumió la presidencia. Miller, con apenas treinta y pocos años, obtuvo un margen de influencia inusual como asesor senior de políticas públicas y redactor de discursos. Ayudó a dar forma al tono inaugural del gobierno al concebir la frase “masacre estadounidense”, expresión que marcó la narrativa nacionalista de la nueva administración.

Su peso real, no obstante, se definió en la política migratoria. Miller diseñó y defendió medidas de línea dura con un celo poco común.

En reuniones internas lo dejó claro: “Esto es todo lo que me importa… esta es mi vida”. Bajo esa premisa impulsó el veto a países de mayoría musulmana, la política de “tolerancia cero”, la separación de familias en la frontera y la reducción drástica del programa de refugiados. 

En paralelo, moldeó la narrativa pública mediante correos internos en los que recomendaba lecturas de grupos nacionalistas blancos, trasladando al gobierno ideas antes relegadas a los márgenes.

Su influencia alcanzó la política exterior. En 2019 participó en el debate sobre declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Aunque reconoció el valor político del gesto, advirtió que la medida podría aumentar las solicitudes de asilo, una consecuencia que chocaba con sus objetivos. La propuesta se archivó, pero Trump la utilizó como presión diplomática hacia México y concretó la denominación inmediatamente en 2025.

Expansión hacia el exterior

Durante el segundo mandato, su papel volvió a ampliarse. Documentos citados por The Washington Post lo señalan como uno de los impulsores de una directiva secreta que autorizó el uso de fuerza letal contra grupos criminales en el Caribe. También fue parte de las deliberaciones que respaldaron la operación estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026. 

Su retórica acompañó esa escalada. En diciembre de 2025 escribió que la nacionalización petrolera de 1976 fue “el mayor robo de riqueza estadounidense”, argumento con el que justificó nuevas medidas de seguridad nacional.

Fiel a su visión sin matices, declaró en televisión: “Vivimos en el mundo real… un mundo gobernado por la fuerza y el poder”. Desde esa convicción defendió operativos de mano dura y avaló proyectos poco convencionales, como la posibilidad de adquirir Groenlandia, idea que respaldó por su valor estratégico ante la creciente presencia china en el Ártico.

Para sus detractores, Stephen Miller es un ideólogo racista cuyo sello endureció la política pública. Para sus simpatizantes, el estratega que mantuvo intacta la esencia del trumpismo. En cualquier caso, su influencia, persistente y disciplinada, confirma por qué sigue siendo considerado el arquitecto más implacable y oscuro del proyecto trumpista.

Editor de la sección Mundo en el diario 24 HORAS. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, con experiencia en redacción, traducción y proyectos editoriales en medios de comunicación.