A menos de un año de las elecciones intermedias, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para acelerar la reclasificación federal de la marihuana, una sustancia que durante más de medio siglo fue tratada legalmente como una de las drogas más peligrosas.
La medida no legaliza el cannabis, pero sí altera de forma sustancial su estatus jurídico y envía una señal política clara en un momento clave del calendario electoral.
La orden instruye a concluir el proceso para trasladar la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas, una categoría reservada para sustancias con uso médico aceptado y riesgo moderado.
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¿En qué consiste la reclasificación de la marihuana promovido por Trump?
En términos prácticos, el cambio reduce trabas regulatorias, facilita la investigación científica y abre la puerta a que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) evalúe aplicaciones terapéuticas del cannabis y del cannabidiol (CBD).
Trump insistió en que se trata de una decisión “de sentido común”, enfocada en pacientes con dolor crónico y no en avalar el uso recreativo.
El movimiento es relevante porque rompe con una clasificación heredada de 1970, cuando el gobierno de Richard Nixon equiparó a la marihuana con drogas como la heroína o el LSD bajo una lógica más política que científica.
Desde entonces, la contradicción entre la ley federal y la realidad estatal se volvió permanente: hoy, la mayoría de los estadounidenses vive en estados donde el consumo médico o recreativo es legal. La reclasificación no elimina esa tensión, pero sí reduce su rigidez.
Según una encuesta reciente de Gallup, cerca de dos tercios de los adultos estadounidenses creen que la marihuana debería ser legal. El consumo es alto entre adultos jóvenes, pero también crece entre personas de mediana edad y mayores, grupos clave en estados competitivos.
De acuerdo con analistas estadounidenses, al impulsar la reclasificación, el republicano busca mostrarse pragmático ante votantes moderados, sin romper con su discurso de ley y orden ni alienar a su base conservadora.
