La fotografía de Gustavo Petro estrechando la mano de Donald Trump en la Casa Blanca sintetiza un vuelco político que, semanas atrás, parecía improbable. La reunión Petro-Trump confirma un viraje que reposiciona a varios gobiernos de América Latina en un esquema definido desde Washington
América Latina en la mira de EU
De acusar al republicano de intervencionismo y de poner en riesgo la democracia, el mandatario colombiano pasó a presentarse en Washington con un tono apaciguado y sin cuestionamientos públicos. La reunión —larga, sin declaraciones conjuntas y manejada con precisión por la Casa Blanca— selló el tránsito de la confrontación a un encuadre marcado desde Estados Unidos.
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Ese viraje tiene un detonante claro. Para el politólogo José Luis Valdés Ugalde, la captura, hace apenas un mes, de Nicolás Maduro fue “un parteaguas” que inauguró un “Corolario Trump basado en la Doctrina Monroe”, un modelo que impone condiciones “por la fuerza y la imposición”.
La caída del chavismo duro —el actor más abiertamente antiestadounidense del continente— dejó a varios gobiernos sin un eje simbólico de resistencia. Con ese vacío, emergió un reacomodo pragmático: Brasil matizó su discurso, México negocia para evitar fricciones, el Caribe revisa su equilibrio energético y Colombia se reposiciona con rapidez. Washington, resume el académico, “impuso términos en los cuales Latinoamérica vivirá bajo presión”.
Cambio de discurso
El realineamiento ocurre en un hemisferio que ya se inclinaba hacia la derecha. Avances conservadores y centroderechistas en Paraguay, Ecuador, Panamá, Uruguay, El Salvador, Argentina, Perú o Costa Rica han reducido el contrapeso ideológico que antes limitaba el influjo estadounidense.
En este nuevo orden operativo, el jefe de la Casa Blanca ha delineado un método: castigo, presión y recompensa. El castigo ejemplar fue Maduro; la presión se expresa mediante amenazas arancelarias; las recompensas —flexibilizaciones económicas y aperturas condicionadas— funcionan como incentivos para alinearse.
En ese sentido, el colombiano leyó el libreto. La extradición de un capo a Washington, anunciada horas antes de la reunión, abrió espacio para desescalar tensiones, acompañada de una narrativa de sustitución de cultivos y los obsequios simbólicos —café y chocolates— entregados por el mandatario. “Petro está pagando errores, pero también se está alineando para que Trump no lo castigue igual que a Maduro”, sostiene Valdés Ugalde.
México con 'pistola en la sien'
La captura del sucesor de Hugo Chávez dejó claro que la administración Trump está dispuesta a emplear instrumentos judiciales, financieros y militares para disciplinar a sus adversarios. “México tiene la pistola en la sien”, advierte Valdés Ugalde al referirse a la presión sobre el petróleo enviado a Cuba y al riesgo de operaciones “quirúrgicas” vinculadas al combate al narcotráfico.
Para La Habana, el mensaje apunta al borde del colapso económico si no acepta negociar. Para el resto del continente, la conclusión es inequívoca: el margen para desafiar a Washington se estrechó de forma abrupta.
Más allá de los relatos ideológicos, la región entra en una fase de calibración constante: gobiernos que antes podían permitirse gestos de distancia ahora ajustan cada movimiento para evitar sanciones o represalias. La foto de Petro es síntoma y síntesis de ese momento.
Detrás —como señala Valdés Ugalde— surge “un hemisferio donde Washington vuelve a marcar el ritmo” y donde la prudencia se convierte en estrategia de supervivencia política.
