Con 525,000 habitantes (la cantidad de personas que podrían llenar siete veces el estadio Azteca), Cabo Verde es el segundo país de menor población en participar en un mundial, tan solo después de Islandia (2018). Uno de los cuatro debutantes en copa del mundo 2026, la selección africana ha capturado la atención de los aficionados por su actuación, tanto en su primera aparición frente a uno de los favoritos a ganar el torneo: España, como en su empate a dos goles contra Uruguay. Los apodados Tiburones Azules aspiran hoy por la tarde a ser, cuando menos, uno de los mejores terceros lugares de la fase de grupos - pudiendo enfrentar a México en la siguiente ronda - o incluso pelear por el segundo - y hasta por el primer- sitio del Grupo H.
La República de Cabo Verde, es un país compuesto por 10 islas volcánicas ubicadas en la costa del África Occidental. Colonizada por los portugueses en el siglo XV, obtiene su independencia el 5 de julio de 1975. En 1991 tiene sus primeras elecciones libres, consolidándose como una de las democracias más estables y robustas del continente. Se ha distinguido de sus pares africanos por su ejemplar historial de transiciones pacíficas del poder.
Considerada a nivel global, de acuerdo con la Unidad de Inteligencia de The Economist, como una democracia imperfecta de alto rango, resalta por su gobernanza —derechos políticos y participación ciudadana—, transparencia y bajos niveles de corrupción, cultura del consenso y un alto índice de desarrollo humano, en relación con el promedio de países del África subsahariana.
El historiador y especialista en el continente africano, Antoni Castel, en su libro Cabo Verde. Historia, Identidad y Cultura, lo destaca como un país de libertades, mediador de conflictos, defensor de una unión africana fuerte e impulsor de la integración panafricana. Aunque con una mirada hacia Europa, por razones históricas y comerciales, los caboverdianos no solo no esconden sus raíces africanas, sino que se enorgullecen de ellas. Un participante que no solo sobresale en la cancha por su futbol, sino que lo hace también por ser un digno representante de la pluralidad, esencia de la justa mundialista.
Si bien México no vive su mejor momento democrático -considerado un régimen híbrido según la misma publicación- y nos encontramos lejos de gozar de una cultura de consenso, hoy somos orgullosos anfitriones y posibles rivales del equipo africano. A casi 51 años de la independencia de Cabo Verde, este país insular podría medirse con México en la cancha, buscando un triunfo futbolístico histórico, que lo llevaría a los octavos de final.
Mientras el archipiélago africano tiene en su emblemática tortuga marina, la tortuga boba, su estandarte de orgullo de biodiversidad y símbolo de su identidad nacional, los mexicanos hemos adoptado al pato Merlín como la mascota de nuestra selección y representante oficial del ingenio, folclor y alegría del pueblo mexicano. Este 30 de junio nos encomendaremos a la magia de Merlín - y de nuestro gran equipo tricolor- para vencer a nuestro siguiente rival, mientras estos dignos tiburones azules, ya habrán hecho historia, tanto en el campo deportivo como en el democrático.
@isilop
