En 2024, tras una contundente derrota en las elecciones intermedias del ’21, Morena y su líder moral Andrés Manuel López Obrador, estaban nerviosos de perder el principal bastión del Movimiento: la Ciudad de México. Las preferencias de la entonces candidata a la jefatura de gobierno, Clara Brugada, caían conforme pasaban los meses, cerrando la brecha con el candidato opositor Santiago Taboada.
En 2021, la clase media manifestó su repudio en las urnas, no tanto a la entonces jefa de gobierno (sin olvidar la tragedia de la línea 12 del metro y el COVID), como al presidente López Obrador y sus constantes descalificaciones. Académicos, profesionistas y pequeños empresarios, mostraron su rechazo a la narrativa presidencial, así como a las acciones que a nivel federal se empezaban a gestar. El castigo se lo llevó su partido en la ciudad.
Siempre he sostenido que, para Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch (OGH) no era opción para sucederla en la CDMX pues era pieza fundamental para su proyecto presidencial. La inseguridad era EL tema por resolver. Durante su gobierno, Sheinbaum demostró avances importantes en la materia, mismos que no podrían explicarse sin el superpolicía. Mucho se dijo que la elección de Brugada era una derrota para la hoy Presidenta. No es así, OGH era solo un paracaídas en caso de que el triunfo de Morena estuviera en riesgo.
Hoy la confrontación con los habitantes de la metrópoli no viene de la presidencia, sino de las acciones y omisiones de la actual jefa de gobierno que tienen a la ciudad en evidente deterioro, así como de las expresiones de soberbia —e insensatez— de personajes como su secretario de gobierno, César Cravioto. Pareciera que la candidatura de Brugada está resultando una derrota, no para Sheinbaum sino para la 4T —y para los chilangos.
En días recientes, El Financiero publicó una encuesta en la que Clara Brugada ha perdido casi 20 puntos porcentuales de aprobación en el último año. Los valores de quienes aprueban van en caída libre y los de quienes desaprueban en alza estrepitosa. En lo que se refiere a calidad de vida, el 53% la califican de mala o muy mala.
Mientras las carencias y desatinos se complementan con estridente pintura morada y ajolotes mundialistas, inician los reacomodos políticos con miras al 2027 e incluso al 2030. El otro movimiento —el naranja—, el de Movimiento Ciudadano (MC), está presto a robarle la ciudad al partido guinda. Salomón Chertorivski aspira a gobernarla en 2030 impulsado por un posible triunfo, el año próximo, como alcalde en Miguel Hidalgo. Las encuestas de MC sondean ya las preferencias y el líder emecista prende su velita.
Si en 2024 la batalla fue ardua —estando mejor la ciudad y el partido oficial—, la situación actual augura un cambio de color en la gran urbe. Con casi tres décadas de gobiernos de izquierda en la capital, Clara Brugada se está convirtiendo —inconscientemente— en la gran impulsora de la alternancia, quizás no hacia la derecha, pero sí hacia un partido que, siendo de izquierda, sabe bien correrse al centro —para acaparar al mayor número de electores. De amarillo a guinda y ahora al morado, si el desgobierno se mantiene, la CDMX bien podría pintarse de naranja en 2030.
¡Buen arranque! Suerte a la selección mexicana de futbol.
@isilop
