Hace casi ocho años tuve el honor de compartir con una persona a quien le tengo especial cariño, su cumpleaños 75. Aquel día nos encontramos reunidos decenas de personas cercanas disfrutando con él, su familia y amigos ese significativo momento.
En aquella celebración, el homenajeado expresó que la mejor forma de combatir el desastre de la vejez —y no tengo la menor duda de que se trata de una verdadera catástrofe— es estar cerca del estímulo que nos dan los jóvenes. Desde entonces estas duras palabras han rondado mi pensamiento.
Hoy vemos cómo los años no han pasado inadvertidos para él, pero tampoco para nosotros, nuestros hijos y familiares. El tiempo no perdona. Hay quienes tienen la fortuna de tener vivos a sus dos padres, hay quienes solo a uno, otros más viven en completa orfandad. En cualquier caso, muchas veces nuestro egoísmo nos ha llevado a actuar como si hubiéramos olvidado quiénes son y todo lo que han hecho por nosotros.
En la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT, 2021), el 45.3% de los adultos mayores decían vivir en aislamiento social; 47.2% de las personas que vivían solas expresaron la necesidad de tener compañía. De acuerdo con el INEGI, sólo el 22% de ellos recibe cuidados formales.
En los últimos meses, dos parejas de adultos mayores cercanas a mi familia han vivido situaciones difíciles. En una de ellas, el esposo (87) sufrió una caída: rompimiento de fémur, hospitalización, cirugía y un largo periodo de recuperación que aún no termina. Hace algunas semanas, fue hospitalizado nuevamente, esta vez, por una neumonía. Ya está en casa. La trabajadora doméstica que los asiste, aprovechando su vulnerabilidad, los ha robado, al parecer, desde hace tiempo, abusando de su posición de confianza y causándoles un daño a sus limitadas finanzas —así como una herida emocional.
De acuerdo con la Condusef (2026), una de cada tres quejas de fraude bancario proviene de adultos mayores; en el grupo etario de 60 a 69 años, hubo un repunte en quejas del 17.3% en los primeros meses de este año. El Consejo Ciudadano de la CDMX menciona que en los últimos cinco años tienen más de 90,000 reportes de este sector referentes a extorsión, fraude, despojo y violencia familiar.
En la otra pareja, la esposa, con Parkinson, sufrió una fractura de cadera; él con problemas cardiovasculares, fue internado en un centro de salud por varios días. Ambos matrimonios viven solos, entre ellos se acompañan, ayudan y comparten sus miedos y soledad. Su fortaleza y templanza son admirables. Aun así, valoran muchísimo la compañía de sus seres queridos.
En las últimas décadas ha habido cambios culturales y en las estructuras familiares, que nos han llevado a ver cada vez más por nuestros propios intereses, dejando de lado a quienes, en algún momento, representaron lo más valioso de nuestra existencia.
Que no se pierda ese estímulo que tenemos oportunidad de ofrecerles los jóvenes —así como nuestra atención, amor y presencia. No podemos simplemente ver pasar el tiempo mientras nuestros padres experimentan aislamiento, incertidumbre y, en algunos casos, abuso. Está en nosotros que esa catástrofe sea más vivible y soportable para ellos y, por qué no, que esta sea una etapa feliz.
@isilop
