En el contexto de su 20 aniversario, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), presentó el Informe de movilidad social en México 2025: la ruta hacia la inclusión financiera, encabezado por Ana Laura Martínez Gutiérrez y Roberto Vélez Grajales. El CEEY nace en el 2005, siendo pionero en la evaluación de políticas públicas, y enfocándose desde sus inicios en la movilidad social de nuestro país.
La movilidad social se entiende como el cambio de posición socioeconómica que experimenta una persona a lo largo de su vida —o entre generaciones—, ya sea de una condición de pobreza a otra de prosperidad económica o en un sentido inverso. Una alta movilidad social indica que existe una mayor igualdad de oportunidades lo que permite que el origen de una persona (condición económica, física, social, de género, educación de sus padres, etc.) no determine su futuro o el futuro de sus descendientes.
En México, de acuerdo con la encuesta levantada el 2023 por el CEEY (ESRU-EMOVI 2023), la movilidad social es baja. Cincuenta de cada 100 personas que nacen en el grupo con menores recursos económicos (que pertenece al 20% más bajo) logran superar esa condición durante su edad adulta y, de estos últimos, tan solo dos de cada 100, alcanza a llegar al grupo más alto (20% superior). En sentido contrario, 51 de cada 100 personas que nacen en el grupo más alto, permanecen en su adultez en tal posición y solo una de cada 100 caen al grupo de menores recursos (20% inferior).
Siendo la educación uno de los principales elementos para generar un ingreso mayor, el informe sugiere que ésta debiera considerarse como un motor central de la movilidad social, sin embargo, los datos no son alentadores: somos de los países peor evaluados de la OCDE y que menos invierten en este rubro.
Los autores ven la inclusión financiera como un factor importante para superar la desigualdad de oportunidades y, con ello, mejorar la movilidad social. Con datos de la encuesta mencionada, el 51% de la población en México no tiene acceso a productos financieros, y es concluyente respecto a que cuando una generación tiene acceso a productos financieros, la siguiente enfrenta los retos de la vida con mejores oportunidades. Consideran que no es un tema solo de demanda sino también de oferta de estos productos; de educación y capacidades financieras, así como de nuevos hábitos, actitudes y comportamientos.
Pocos temas más relevantes en materia de equidad que el de la movilidad social, sin embargo, poco se ha logrado en los últimos años para aumentarla. Uno de sus principales componentes—por la generación de oportunidades— es el crecimiento económico incluyente. Si bien en el sexenio pasado se tomaron acciones importantes en ese sentido: aumento sustancial del salario mínimo; políticas laborales en beneficio de los trabajadores; transferencias directas y programas sociales, hoy el PIB per cápita es el mismo que en 2017 y el trabajo informal —sin seguridad social, ni prestaciones— sigue ganando terreno (54.8%).
Si gobierno, sociedad y sector privado no tomamos en serio la necesidad de aumentar la movilidad social, nuestro país estará destinado a 30 años más de estancamiento, desigualdad, injusticia y rompimiento del tejido social. Hoy el CEEY, una vez más, levanta la voz. Démosle eco.
@isilop
