TENSIÓN. La presidenta Xiomara Castro alegó amenazas, coacción y fallas en el sistema, mientras crece la presión por las actas
AFP |

Las elecciones presidenciales de Honduras entraron en una zona de turbulencia política, atravesadas por denuncias de fraude y un escrutinio aún inconcluso que mantiene en vilo al país. Con el 99.4% de las actas procesadas, el conservador Nasry Asfura mantiene una ligera ventaja —40.52% frente a 39.20% del presentador de televisión, Salvador Nasralla—, pero el Consejo Nacional Electoral (CNE) deberá revisar 2 mil 773 actas con “inconsistencias” antes de proclamar a un ganador.

Xiomara Castro, presidenta y líder de la izquierda hondureña, impugnó el proceso y se sumó a las acusaciones de manipulación formuladas por Nasralla, quien aspira por tercera vez a la presidencia. Castro afirmó que el país vivió un proceso marcado por “amenazas, coacción” y fallos en el sistema de resultados preliminares.

Las sospechas se intensificaron por repetidos fallos informáticos en el conteo, atribuidos a la empresa colombiana ASD, y por la politización del CNE, integrado por representantes de los tres partidos mayoritarios.

Nasralla descartó protestas callejeras, pero exigió una revisión “voto por voto”, en un ambiente donde la claridad del proceso se erosiona cada día.

El factor externo añade más presión. Castro acusó a Donald Trump de “injerencia” por respaldar a Asfura y advertir —según ella— al electorado sobre votar por la candidata oficialista.

Por su parte, Trump indultó al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado en Estados Unidos por narcotráfico, mientras en Tegucigalpa la fiscalía pidió a Interpol ejecutar una orden de captura contra él. Para Castro, esta convergencia demuestra que “los conservadores desde Washington” optaron por “aliarse con el narcotráfico y el crimen organizado”.

El CNE tiene hasta el 30 de diciembre para anunciar al vencedor, pero el clima político ya está marcado por la desconfianza.