Un cuarto de siglo después de ganar su primer Oscar, Benicio del Toro vuelve a competir con su personaje en Una batalla tras otra: un entrenador de karate que en los ratos libres ayuda a inmigrantes, y con quien el actor afirma sentirse identificado.
Benicio del Toro sobre su nominación previo a la noche del Oscar
"Hay mucho de mí allí", dijo Del Toro sobre el imperturbable Sensei Sergio St Carlos, quien, con una cadencia apacible, equilibra al manojo de nervios que es su compañero de escena, el exrevolucionario Bob Ferguson.
Del Toro confiesa que lo tomó por sorpresa la efusividad en torno al papel, que con menos de 15 minutos de pantalla lo puso en la disputa por el Oscar al mejor actor de reparto.
Asimismo, reconoce que vio el potencial de la cinta desde el comienzo, aunque demostró a sus colegas "como los verdaderos protagonistas".
"Me pregunté que de pronto me señalaran a mí, no me lo esperaba. Y se siente bien, pero también te puede incomodar un poco", agregó.
Pero el actor dijo sentirse orgulloso de que se trate justamente de este rol el que "se reconozca por lo que representa. De alguna manera, creo que demuestra que hay algo en él, hay un corazón ahí, y creo que por eso la gente se siente atraída hacia Sensei".
"Quizás eso es lo que hay en una película tan oscura, que trae un pequeño sentido de esperanza".
Tras una larga carrera, en 2001 se consolidó al ganar el Oscar a mejor actor de reparto por Tráfico, venciendo a figuras como Willem Dafoe y Jeff Bridges.
Del Toro interpretaba a un policía de frontera que intenta mantenerse honesto en medio de la corrupción y el narcotráfico reinantes.
Fue nominado por segunda vez en 2004 por su participación en 21 gramos.
Elogiado por directores como Steven Soderbergh, Alejandro González Iñárritu, Denis Villeneuve, Guy Ritchie y Wes Anderson, Del Toro materializó en Una batalla tras otra, una segunda colaboración con Paul Thomas Anderson, después de Vicio propio.
Benicio confió en la cinta desde un inicio
El actor, cuya imponente presencia contrasta con su humildad y una aparente reticencia a ser el centro de atención, abrazó el proyecto justamente por tratarse de Anderson, el aclamado director que busca hacerse con su primer Oscar este domingo luego de 14 nominaciones en su carrera.
Anderson le dijo que quería que interpretara a un instructor de karate y le envió una foto de un tigre en un kimono.
El actor describió a Anderson como un alguien que crea "un espacio cómodo para la creatividad, para la colaboración".
En ese clima, la visión de Del Toro terminaría remodelando el accionar del sensei, y por fin, la película.
"Sensei lo ayuda (a Bob) a ir del punto A al punto C. Ahora, lo que pasa en el ínterin, eso cambió un poco".
"Se volvió más un luchador para los necesitados, un protector de esos migrantes que buscan el sueño americano", cuenta Del Toro.
La entrega de su personaje sobresale en una trama donde las debilidades de revolucionarios, militares y supremacistas afloran, volviéndolos cada vez más ensimismados.
Para él ha sido "un honor" representar a la comunidad latina y ser parte del elenco destacado.
"Lo hicimos con el corazón", dijo "Y creo que la gente entendió eso".
