Perseo desafió a los dioses para llevar el fuego a la humanidad y como una luz que busca sensibilizar en la ciudad, las esculturas de Miguel Peraza se alzan en medio de construcciones cotidianas, como una forma de reimaginar los espacios físicos.
Miguel Peraza reimagina su entorno
Para el artista, el arte no es un elemento decorativo sino una de las estructuras fundamentales que sostienen a las sociedades. “Considero que las membranas que sostienen a toda sociedad son su cultura, la cual habita el espíritu de todos nosotros y uno de los ejes indispensables para que se mueva es reafirmar los valores espirituales que generan los artistas, los músicos, los pintores, los escultores, los arquitectos o incluso los
constructores”, explicó.
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Desde su perspectiva, la diferencia esencial entre la humanidad y otras formas de vida radica precisamente en esa dimensión espiritual que se manifiesta a través de la cultura. “Tenemos espíritu que es lo que nos hace distintos. Esas membranas invisibles, que son la cultura y el espíritu, son las que le dan sentido a la vida común. Sin ellas la sociedad no se podría sostener”, afirmó.
En ese sentido, el escultor defendió el papel del arte público como una forma de socializar esa dimensión cultural y acercarla a todos los ciudadanos, incluso a quienes no tienen contacto cotidiano con museos o instituciones culturales.
“Cuando las sociedades no cuentan por sí mismas con un auto quehacer artístico, es obligación de los artistas sacarlo a las calles para que sea de todos. El arte público permite que cualquier persona pueda disfrutarlo, conectarlo o incluso cuestionarlo. Lo importante es que exista ese entrelazamiento entre la espiritualidad del ser y la sociedad”, sostuvo.
Arte público en revalorización
Durante la conversación, Peraza también se refirió a lo que considera uno de los problemas más profundos de la actualidad: La pérdida de una base cultural sólida que permita a las sociedades comprender su propio desarrollo.
“Hay una indigencia cultural que se ha ido extendiendo incluso a las autoridades. Cuando
desconocemos principios fundamentales como el derecho a la vida, a la amistad o al libre tránsito, terminamos permitiendo que otras fuerzas ocupen esos espacios. Las
consecuencias de esa indiferencia son muy caras para cualquier país”, advirtió.
Frente a este panorama, el escultor defendió la importancia de democratizar el
conocimiento y de integrar a más personas en los procesos de creación artística, algo que ha buscado aplicar en su propio taller.
“Uno de los males más profundos de una sociedad empobrecida no es solamente el
problema económico, sino la mala distribución del conocimiento. Las poblaciones pobres
permanecen así porque no tienen acceso a ese conocimiento que les permitiría competir en igualdad”, señaló.
Por ello, explicó que su método de trabajo busca recuperar la lógica tradicional de los
talleres artísticos, donde el aprendizaje se comparte colectivamente.
“En mi caso practico un sistema de taller donde la gente entra, aprende y desarrollamos juntos. Se comienza como ayudante, luego se convierte en bachiller del taller y eventualmente en maestro. Es una forma de distribuir el conocimiento y de construir comunidad a través del arte”, concluyó
